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Canet acelera para no quedarse sin fondos europeos en el rescate de la última herencia envenenada de Astroc

Una resolución del Tribunal de Contratos obliga al ayuntamiento a licitar mediante un procedimiento abreviado la organización de los festivales de arroz y brasas que rescatarán este legado de la burbuja inmobiliaria

Recorrido visual por las dos décadas del Instituto Valenciano de la Paella en Canet

Daniel Tortajada/M.M.C.

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Rafa Herrero

Rafa Herrero

Canet d'en Berenguer

El Ayuntamiento de Canet d'en Berenguer no renuncia a que sendos festivales financiados con fondos europeos rescaten uno de los legados envenenados de la burbuja inmobiliaria y la última herencia de Astroc, aunque se está quedando sin tiempo. Se trata del Instituto Valenciano de la Paella, construido sobre una parcela municipal de algo más de 16.000 metros cuadrados, pero cuyo funcionamiento se limitó a unos meses tras una inauguración por todo lo alto.

A través de un programa de sostenibilidad turística, el gobierno local reservó cerca de 160.000 euros para impulsar el Llama Fest, que contemplaba dos eventos gastronómicos relacionados con los arroces a leña y las carnes a la brasa. Entre las obligaciones del contratista se señalaba que las instalaciones "se encuentren en perfecto estado de utilización y cumplan la normativa vigente", mediante los trabajos necesarios de limpieza y acondicionamiento del recinto, que lleva más de 15 años sin apenas uso y con el mantenimiento limitado a la eliminación esporádica de los hierbajos.

El procedimiento despertó el interés de dos empresas, entre las que el ayuntamiento eligió una y la otra recurrió al Tribunal de Contratos. Después de suspender la licitación, el dictamen atendió la reclamación al reconocer que la adjudicataria no había seguido los criterios del pliego de condiciones a la hora de acreditar su solvencia económica, aunque no anuló toda la tramitación, sino que dio un margen para que subsanara la documentación.

Adecentar el recinto

Así se hizo y el consistorio ratificó la adjudicación, aunque la propia administración local se vio obligada a renunciar al contrato, al haberse superado el plazo en el que estaba prevista la celebración de estos festivales. Con el 30 de junio de este año como plazo máximo para gastar estos fondos, el gobierno municipal ha impulsado una nueva licitación, pero con cambios, al dividir los dos eventos gastronómicos en sendos contratos de casi 80.000 euros que se ofrecen a través de un procedimiento simplificado y urgente. En ambos casos, el ayuntamiento mantiene la obligación de adecentar el Instituto Valenciano de la Paella, incluidos "los trabajos necesarios de fontanería, albañilería, pintura, etc", según explicita en esta segunda licitación.

Estado que presenta el Instituto Valenciano de la Paella.

Estado que presenta el Instituto Valenciano de la Paella. / M.M.C.

Otros requerimientos para dar forma a estos eventos son la prestación mínima de servicios como la preparación, la elaboración y la degustación de las recetas elaboradas; la instalación de una zona infantil con juegos; la organización de un mínimo de tres conciertos, además de la animación musical; el desarrollo de talleres de formación para cocinar arroces y carnes a la brasa; la promoción de productos locales y regionales; el montaje de foodtrucks para la venta de postres y bebidas; así como el suministro de 2.000 sillas, 500 mesas, elementos de sombraje y un escenario de, al menos, 8 metros de ancho, 6 de profundidad y 1,2 de altura.

Unos 200 paelleros

El objetivo declarado de estos festivales es fomentar el posicionamiento gastronómico de Canet como destino turístico, así como la promoción de sus productos alimenticios, aunque más tangible será la puesta en valor de este Instituto Valenciano de la Paella, que en plena burbuja inmobiliaria se construyó con 200 paelleros, aseos, vestuarios, dos pistas de pádel, una zona polideportiva y juegos infantiles. En su inauguración, el 9 de abril de 2007, más de un millar de personas se dio cita en el recinto, llamado por el regalo de los ingredientes de las paellas y los utensilios de cocina.

Apenas una semana después, la constructora Astroc del empresario saguntino Enrique Bañuelos, impulsor de este complejo, se desplomaba en bolsa y daba pie a una época de incertidumbre en el que prácticamente toda la actividad inmobiliaria quedó suspendida. Se abrió entonces un periodo de pulsos judiciales con los herederos del gigante del ladrillo frente a la reclamación municipal, que exigía el uso público del recinto, como se había acordado en su origen.

Deterioro

Otra preocupación del ayuntamiento durante la última década ha sido el deterioro del Instituto Valenciano de la Paella, con cristales rotos, cableado arrancado, tuberías y aseos destrozados, vallas rotas y entradas no autorizadas al recinto. Ahora la esperanza es que los festivales gastronómicos sirvan como un nuevo de partida para que esta infraestructura cumpla con su cometido primigenio o, al menos, deje de convertirse en un quebradero de cabeza.

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