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TRIBUNA

¿Qué estamos celebrando?

Un espectáculo taurino en las fiesta de Sagunt.

Un espectáculo taurino en las fiesta de Sagunt. / Tortajada

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Ainhoa Alberola

Ainhoa Alberola

Sagunt

En las fiestas de Sagunt, una peña taurina exhibió una imagen en la que un toro sometía sexualmente a una mujer, una representación que banaliza la violencia sexual y cosifica a las mujeres. Que esa imagen permaneciera expuesta durante las fiestas financiadas con dinero público con total impunidad debería preocuparnos y mucho. Pero el problema no empieza ni termina en ese cartel.

Las peleas durante las fiestas de Sagunt y del Port también acaban siendo noticia cada año. Las agresiones y enfrentamientos forman parte, con demasiada frecuencia, del balance que dejan las fiestas, junto a los dispositivos extraordinarios de seguridad que es necesario desplegar.

El pregón del Port de Sagunt fue un absoluto bochorno. Personas de las peñas retiraron entre risas la bandera Palestina del balcón de la Tenencia de Alcaldía donde representaba la solidaridad institucional de nuestro municipio con el pueblo palestino. Los gritos de «¡Viva España!» acabaron acompañados por cánticos de «Pedro Sánchez, hijo de puta».

Podemos seguir tratando cada uno de estos episodios como hechos aislados. Un cartel desafortunado. Una pelea. Un grupo exaltado. Unos insultos. Pero quizá ha llegado el momento de preguntarnos si todos forman parte de un mismo problema. Porque las fiestas nunca son neutras, el qué y cómo celebramos transmite valores.

Pregunta incómoda

Y aquí es donde conviene hacerse una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando el eje de unas fiestas gira alrededor de la exaltación de la violencia y el consumo intensivo de alcohol?

Cuando la violencia se convierte en espectáculo, cuando se aplaude el riesgo y el sufrimiento como forma de entretenimiento, no debería sorprendernos que alrededor de ese modelo proliferen determinadas expresiones de agresividad y de machismo. Esto no significa que todas las personas que participan en los festejos compartan esas actitudes, es evidente que no, pero sí cabe preguntarse si el modelo festivo favorece una determinada manera de entender la convivencia.

Mientras tanto, el Ayuntamiento destina más de 100.000 euros en subvenciones a la Federación de Peñas de Sagunt y otro tanto a la de Port de Sagunt. Y esa cifra ni siquiera refleja el coste real que asume la ciudadanía, porque a ella hay que añadir el despliegue policial, los servicios extraordinarios de limpieza, las ambulancias, la adecuación de recintos, las instalaciones eléctricas y numerosos actos organizados directamente por el propio Ayuntamiento.

Paradoja

Este es el modelo que estamos financiando entre todas y todos. Resulta paradójico que en una sociedad que intenta educar en igualdad, respeto, resolución pacífica de los conflictos y protección de los animales, las fiestas de nuestro municipio continúen girando alrededor de prácticas que transmiten mensajes muy diferentes.

Me pregunto si de verdad este es el legado que queremos dejar. Cuando Sagunt y el Port cuentan con un patrimonio histórico excepcional, un tejido cultural rico, asociaciones vecinales, grupos de música, teatro, danza, cultura popular, deporte, comercio local y una ciudadanía diversa. Existen infinitas maneras de construir unas fiestas abiertas, participativas y capaces de ilusionar a toda la población sin necesidad de convertir la violencia —contra los animales o entre las personas— en uno de sus principales reclamos.

No comparto la idea de que las fiestas sean una cuestión menor. Precisamente porque son una de las principales expresiones de la vida colectiva de un pueblo, son demasiado importantes para resignarnos a pensar que no pueden cambiar. Sin embargo, año tras año, da la impresión de que ningún partido político se atreve a abrir ese debate. De la política espero mucho más que el limitarse a administrar las inercias, también tiene la responsabilidad de impulsar cambios cuando una parte creciente de la sociedad estamos reclamando unas fiestas más inclusivas y acordes con los valores del presente.

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