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Entrevista

Entrevista con Maverick Viñales: "Los ojos de mi hija Nina me dicen que seré campeón"

El piloto de Roses, campeón del mundo de Moto3 y compañero de Aleix Espargaró en Aprilia, está convencido de que el impulso de la familia y la revolución que ha hecho en su entorno, le permitirá dar un gran paso en MotoGP

El piloto catalán Maverick Viñales (Aprilia), en la chalar que mantuvo, el pasado viernes, en Mugello. Alejandro Ceresuela

Señoras y señores, les presento al Maverick Viñales 2.0, superada la fase de desorientación e iniciada la recuperación para acabar convertido no solo en un esposo y padre feliz, sino en un campeón del mundo (Moto3, 2013) que espera coronar su carrera deportiva con un título mundial de MotoGP.

Ha llegado la hora de confesarse y me ha dicho que le encantaría que esta entrevista pudiese orientar a los pilotos que empiezan ahora. Cuente su primer error. No pretendo tanto, la verdad, pero sí puede ser que, leídas pausadamente, mis palabras puedan orientar a muchos jóvenes. Mi primer error fue no rodearme, hasta ahora, de gente profesional en todos los ámbitos de mi vida deportiva e, incluso, personal, que me ayudasen en el día a día. Me fie, erróneamente, de familiares y amigos, y la pifie. Y mucho.

De qué cosas los culpa. No los culpo de nada ¡Dios me libre! Los escogí yo, tanto a los profesionales como a los amigos e, incluso, a los familiares. Todo fue con muy buena intención. Todos trabajaron duro para ayudarme, siempre con muy buena intención. El problema es que no eran los mejores y, además, me dejaron pensar y decidir en cosas que no debía. Ahora lo puedo decir: yo era muy joven y lo mejor que sabía hacer era pilotar. Yo solo era el piloto. Todo lo demás se me escapaba.

[Consulta la clasificación general de MotoGP]

Por lo que cuenta, reconoce que cometió errores gordos. Hubo errores gordos, sí. Por ejemplo, abandonar Suzuki al final del Mundial-2016 para fichar por Yamaha. Aquel fue un paso en falso, pero…la Yamaha era, entonces, la moto de referencia. Nadie me hizo ver que no podía abandonar el magnífico trabajo que había hecho en Suzuki y con Suzuki.

"Me debí de rodear de profesionales, no de amigos y familiares. Y, encima, me dejaron decidir lo que no debía"

Maverick Viñales - Piloto oficial de Aprilia

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Cuando habla de errores gordos, habla en plural. ¿Qué otro error le duele de esa época? No me duele, simplemente debo reconocerlo: no debí irme a vivir a Andorra. Me fui a vivir allí y me equivoqué. Cree una base en Andorra con mis amigos. Tenía una vida inmejorable, estupenda, fácil, pero ahora puedo decir que no era la vida correcta para ser campeón del mundo de MotoGP. Debí haber seguido mi instinto, mis valores y continuar con los míos, en casa, como ahora, entrenándome donde siempre, viviendo junto a los míos, yendo en moto con los míos, haciendo lo que siempre me ha funcionado, pero, en aquel momento, me confundí.

Así que ha vuelto a las raíces. Nadie puede imaginarse lo que es para un deportista de élite y más para un piloto que corre en moto a 350 kms/h., que puede ganar o perder por una décima de segunda, que no sabe dónde la pierde o dónde la gana, tener estabilidad, tenerlo todo bajo control, tener una vida serena, organizada, estable, estar feliz contigo mismo y los tuyos. Yo, ahora, puedo decirlo y es por ello que estoy seguro que, a partir de ahí, puedo construir un proyecto ganador, con el que poder cumplir mi sueño de niño: ser campeón del mundo de MotoGP.

Todo arranca por rodearse de los mejores profesionales, pues. No. O no en primera instancia. Todo arranca de haberme cruzado en la vida con Raquel Subirà, mi esposa, y del nacimiento, hace justo un año, de la pequeña Nina. Y, sí, claro, de rodearme de un gran equipo profesional. Pero el clic, el cambio, el impulso, el «sí se puede», parte de la unión con Raquel y el nacimiento de nuestra joya. El nacimiento de Nina me ha dado fuerzas para intentar, ahora sí, cumplir mi sueño. Cada día, cuando le miró a los ojos, sé que voy a ser campeón, sé que cumpliré mi sueño de niño, porque veo ese sueño reflejado en esos ojos limpios. Cada mañana, cuando se le ilumina la cara, pienso «¡lo seré, lo seré, lo seré!»

"Siento que la oportunidad está volviendo. Aprilia me apoya y, más pronto que tarde, todo cuadrará y ganaré"

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Ya veo que es imposible ganar sin tener la mente limpia, sin estar sereno, tranquilo contigo mismo. Yo no sé como son los otros deportes, pero aquí, sino no estás bien en casa, feliz, si no tienes gente profesional que se cuide de tus cosas y te garantice que todo está bajo control, es imposible rendir, ganar. No es verdad que entrenemos. Nosotros no entrenamos. Nosotros damos todas las vueltas, ¡todas!, de viernes, sábado y domingo, a ‘full’, a tope, gas a fondo, en plan ‘quali’, empujando siempre al límite, siempre. Y, si tu cabeza no está limpia, es imposible rendir. Todo lo negativo que te rodea, todas tus dudas e incertidumbres, todas, las personales y las profesionales, aparecen en la pista. Y no ganas. Imposible.

[Consulta el calendario de MotoGP]

¿Qué está haciendo para lograr ese ambiente, esa oportunidad? Creer. Creer en mí. Creer en los míos. En mis posibilidades. Ser feliz en casa, con Raquel y Nina, que me aportan ese plus. Ahora mismo, sentirme tremendamente orgulloso porque Aprilia, que podía haber prescindido de mí, me renueve dos años y confíe en que el camino que hemos elegido, que es distinto al de Aleix (Espargaró), que tan extraordinario rendimiento le está sacando a nuestra moto, también funcionará conmigo y más pronto que tarde.

Se le ve muy unido a su equipo. Desde el primer minuto, somos una familia porque es la única manera de que acabemos triunfando juntos. La fábrica se está desviviendo por mí, por mi camino y mis peticiones. Ellos son italianos y su capacidad de reacción es inmediata (o casi), son muy distintos a los japoneses. Ellos se vuelven locos por ayudarte. Yo lo único que quiero es corresponder a su cariño. Estoy intentando crear un buen ambiente en el ‘team’, saber de mis ingenieros y mecánicos, sin meterme en sus vidas, pero saber qué necesitan de mí, quiero sentir y provocar buenas vibraciones, convertirnos en cómplices, trabajar en armonía. Yo deposito mi vida en sus manos y ellos han de saber que confió ciegamente en ellos.

"Mi mayor error ha sido correr demasiado siempre y en todo. Raquel y Nina me han demostrado que la vida es una maratón no un 'sprint'"

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¿Qué sensaciones tiene ahora que aún no está delante? Siento que la oportunidad está volviendo, que, más pronto que tarde, todo acabará cuadrando. Este es un deporte de pasión. Aquí, para ganar, hay que crear lazos indestructibles en el seno de tu equipo, por eso estoy creando un estilo de vida basado en la confianza mutua entre todos nosotros.

¿No ha sido muy duro consigo mismo en los últimos años? Uno no debe engañarse. No tiene sentido. Pero sí es cierto que, durante años, me he maltratado mucho. He sido muy duro conmigo mismo y no siempre era yo el culpable de lo que me ocurría. Maltratarte no te hace ganar. Pero, créame, esa mirada de Nina, el cariño de Raquel, Aprilia y mi equipo están generando el cambio.

Fijo que aún le queda algún otro error que confesar. Es el momento, no pierda la oportunidad. Termino con mi mayor error: haber corrido demasiado siempre y en todo. Debí distanciarme más de las decisiones que tomé, tomarme mi tiempo, reflexionar, pensar, meditar, asesorarme mejor antes de decidir sobre lo que se me pedía opinión o lo que debía decidir. Yo siempre iba al ‘sprint’ y, afortunadamente, la aparición de Raquel, el nacimiento de Nica y rodearme de buenos profesionales, me han hecho ver que la vida no es un ‘sprint’, sino una maratón.

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