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Recuperación

Marc Márquez: historia de una resurrección

Después de superar su última y dolorosa visita al quirófano para que le reconstruyeran el humero, el piloto de Cervera se dispone a volver a las carreras. Este es el relato de su calvario y su regreso a la máxima competición, donde le esperan como "el gran salvador de la MotoGP"

Marc Márquez. ALEJANDRO CERESUELA

Puede que para comprender esta escalofriante historia de superación, de amor por las carreras, de pasión de vivir a 350 kilómetros por hora, debamos retroceder 27 años. Cuando un joven llamado Alberto Puig, que acababa de conseguir su triunfo más apoteósico, ganar el Gran Premio de España, en Jerez, de 500cc, se estrellaba, un 8 de julio de 1995, contra un muro, en el mítico circuito de Le Mans (Francia), y se destrozaba la piernas izquierda por completo.

27 años después, 50 operaciones más tarde, casi 10.000 días después (exactamente 9.855) de sufrimiento continuo, Alberto Puig, ahora jefe de Marc Márquez en el equipo Repsol Honda, te enseña su pierna y te pones a temblar, te entran escalofríos. Si quieres puedes ver hasta su tibia. Puig lo hizo todo y más para volver a correr. Sí, hizo locuras. Y puede, no hay duda, que ese calvario que aún arrastra aquel que estaba llamado a ser campeón del mundo en aquel reluciente 1995 le haya servido para, finalmente, encauzar, por fin, la operación definitiva, la de “ahora o nunca”, del que todos consideran el único piloto que puede sacar al Mundial de MotoGP del purgatorio en el que se encuentra.

Fue Puig quien le dijo a Márquez, tras su último experimento en Mugello, que debía ponerse en manos de los médicos de la clínica Mayo, de Rochester, Minnesotta (EEUU), donde Alberto se ha hecho 15 de las 50 operaciones que lleva en su pierna. Y fue el doctor español Joaquín Sánchez Sotelo, residente en la Mayo, quien, tras una simulación en 3D, le llamó, a las 12.00 horas del viernes de Mugello, y le dijo “deja de hacer locuras, tu húmero se mueve, gira continuamente 33 grados sobre sí mismo y no entiendo cómo has podido correr y ganar carreras en estas condiciones. ¡Vente inmediatamente y te opero!”

Húmero reconstruido

El día antes, jueves, Márquez, con el brazo derecho casi en ángulo recto, había entrado en el despacho de Puig, su jefe, y le había dicho “probaré, Alberto, pero así, en esta posición, no tiene sentido seguir corriendo”. Un día después, Márquez volaba rumbo a la Mayo y se ponía en manos de Sánchez Sotelo, que le rompió el húmero en el quirófano y se lo reconstruyó, de nuevo, durante cuatro horas de operación.

Inmediatamente, casi con las vías colgando de sus brazos, Márquez se instaló en uno de los muchos hoteles que rodean la Mayo (en la clínica no quieren pacientes viviendo el postoperatorio) y empezó a comunicarse con el mundo vía redes para mostrar su mejor sonrisa. El doctor, en conexión con los doctores Samuel Antuña y Ángel Cotorro, trazaron un proceso de rehabilitación que se ha cumplido como un reloj: “El 25 de agosto, el húmero ha de estar soldado y curado”.

La gente que dirige el campeonato reconoce que Marc es “el héroe que necesitamos, la persona que mejor representa el espíritu de superación y pasión por las carreras que emana de este deporte”

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Y el 25 de agosto estalló la alegría en casa de los Márquez Alentá. El whatsapp que Marc y Álex Márquez comparten con sus primos se convirtió en una fiesta. Marc podía aumentar su ritmo de entrenamiento y podía empezar a subirse a una moto. “Lo cierto”, explica alguien que no se ha separado ni medio día de Marc a lo largo de los últimos meses, “es que nada más llegar a su nueva residencia en Madrid, al quitarse el cabestrillo del brazo y dejarlo suelto, paralelo a su cuerpo, agitándolo mimosamente, me dijo ‘¡uf!, esto ya es otra cosa, aquí ha pasado algo y algo bueno’. Normal, Marc acumulaba la experiencia de tres intervenciones anteriores y sabía, intuía, que ésta había sido diferente, podía ser la buena”. Como así ha sido.

Exhibición de coraje

Lo vivido por Márquez, el pasado martes y miércoles, en Misano, el circuito de Marco Simoncelli, donde el ocho veces campeón del mundo, el muchacho de 29 años, que ha corrido 226 grandes premios, ganado 85, es decir, el 37% de los que ha corrido, subido al podio en más de la mitad de las veces ¡más de la mitad de las veces! (57%) y logrado 90 ‘poles positions’, hizo toda una exhibición de coraje y pasión, poniéndose a prueba durante 100 vueltas y logrando uno de los mejores cronos entre los campeones, es la viva demostración, no solo de que está en el camino de volver, sino que, como reconoce la gente que dirige el campeonato, “es el héroe que necesitamos, es la persona que mejor representa el espíritu de superación y pasión por las carreras que emana de este deporte”.

“Yo no soy el hombre milagro. Los milagros los puedes hacer un día, dos, tres, pero los títulos los gana un equipo"

Marc Márquez

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MotoGP necesita a Marc Márquez. El mundo de las carreras necesita a Marc Márquez. Languideció y se jubiló de mala manera el mito Valentino Rossi, que ni siquiera aparece por los circuitos, pese a que le regalaron un equipo en MotoGP; apareció la pandemia; se lesionó Marc de gravedad y ninguno de los nuevos campeones, ni el bueno de Joan Mir ni el divertido Fabio Quartararo, al que han nombrado Caballero de la Legión de Francia y ni siquiera lo celebró (“¿pero no vamos a hacer una fiesta?”, le dijo Carmelo Ezpeleta, jefe del Mundial), han sabido mantener la pasión por las carreras que precisa un deporte como este.

La semana pasada, Márquez le dijo a uno de sus médicos: “La sensación que tengo es que he vuelto a nacer, he renacido"

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Volver a nacer

“La sensación que tengo”, le dijo la semana pasada Márquez a uno de sus médicos, “es que he vuelto a nacer, he renacido. Esta operación, la medicina, mi pasión por las carreras, por hacer aquello que me divierte, por divertir a mis fans, por defender mi deporte me ha ofrecido una nueva oportunidad y no pienso desaprovecharla: pelearé por volver a la primera línea de mi deporte. Lo he pasado tan mal, doctor, he vivido tan solo, que ahora tengo la sensación de estar en el paraíso”.

Quienes conocen bien a Márquez aseguran que él, mamá Roser, papá, Juliá, su hermano Àlex, su asistente José Luis Martínez, su fisio Carlos J. García, sus preparadores físicos Genís Cuadros y Vicente Calvo, su ingeniero Santi Hernández, sus mecánicos de confianza y, hasta que rompieron, Emilio Alzamora, el que era su mánager, jamás perdieron la ilusión, la esperanza, de que, en efecto, esta sería la operación buena. “Era o esta, o me retiraba”, le oyeron decir al campeón.

“Cuando digo que nada más descender del avión que le trajo de EEUU estaba convencido de que era ‘la buena’ es porque se notó el brazo en su sitio”, sigue explicando la misma fuente. “De ahí que el proceso de recuperación haya sido duro, sacrificado, aburrido, eterno, pero reconfortante porque mejorábamos cada día y, sobre todo, porque nunca aparecieron, como tras las otras tres intervenciones, dolores extraños, inexplicables”.

Ver llorar a Marc

“Yo solo le voy a decir una cosa y, por favor, no me cite. Yo conozco mucho, mucho, a Marc y eso que Marc no se da a conocer a mucha gente”, cuenta otra fuente del ‘paddock’, tremendamente cercana al campeonísimo de Cervera. “De Marc, usted verá lo que Marc quiera que vea. No más. Pues bien, para que tenga idea de la magnitud de la desesperación, soledad, dudas, incertidumbre e incertezas que ha padecido a lo largo de estos tres meses, yo le he visto llorar. Y ver llorar a Marc, amigo, es materialmente imposible, que lo sepa”.

Nadie sabe si esas lágrimas, fruto de preocupación por su futuro, por saber si volvería a correr, aparecerán en el documental que está preparando, dicen, Amazon, y que, casualmente, únicamente tenía como fin, como objetivo, reflejar la temporada de todo un campeón. Pero ese equipo, mini equipo, que no se ha separado de Marc a lo largo de todo el año, se ha encontrado con el dramático y cinéfilo material que le ha proporcionado, sin buscarlo, sin pretenderlo, sin planearlo, la diplopía surgida en la segunda carrera, la remontada de Austin, la operación tras Mugello, su recuperación, el regreso esta semana en el test de Mugello y, tal vez, sí, su reaparición, la próxima semana, en Motorland (Aragón). Es decir, otro documental, un millón de veces más sabroso y apasionante.

“Estamos frente a un luchador, ante un gladiador, ante una apasionado de su profesión”, cuenta uno de sus jefes en Honda. “Si te metes en su cabeza, puedes imaginarte lo que ha vivido. Creía que no volvería a correr y, ahí está, habiendo asumido viajar, solo, a EEUU, meterse, de nuevo, en un quirófano, operarse otra vez, otra rehabilitación y volver a intentarlo. Y, mientras, ver como otros ganan carreras y títulos que, no nos engañemos, él hubiese ganado con una mano porque es, con diferencia, el mejor de los mejores. Lo siento, pero eso debe ser frustrante”.

“Estamos frente a un luchador, ante un gladiador, ante una apasionado de su profesión”, cuenta uno de sus jefes en Honda

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Nube de felicidad

“Hace dos meses”, en efecto, “estaba desolado, desencantado. Trabajando duro en el gimnasio, pero solo, quebrado mentalmente”, señala el doctor al que le dijo que había vuelto a la vida. “Ahora está en una nube de felicidad y sería bueno frenarlo un poco, pero no seré yo quien lo intente, no. El brillo actual de sus ojos demuestra también lo que ha sufrido. Esa sonrisa le delata. Hace tiempo que le dejó de importar el dinero, la fama, la gloria. Le importa lo que siempre amó: correr, disfrutar sobre la moto y hacer disfrutar a los demás”.

Puig dice de él que es “el Michael Jordan de las motos”. Hernández, su ingeniero, que es “el Leo Messi de las motos”. “Yo no sé quién es, pero es el tipo que cambió la manera de correr en MotoGP. Hasta que llegó Marc no se podía clavar el tren delantero al entrar en la curva, ¡él demostró que sí se podía!, por eso ha sido el maestro de los diez últimos años. ¡Ojalá regrese pronto a las carreras y me ayude a frenar a Ducati”.

“Si he de ponerme de rodillas para que me eche una mano para ganar el título, me pondré, necesito que Marc me ayude”, cuenta el veterano Aleix Espargaró, convencido de que la aparición de Marc cambiará las carreras. “Sé que ya está para volver, lo espero en Aragón. Va a ser divertido. La mejor manera de ponerse en forma es corriendo grandes premios y Marc es todo un campeón”, dice ‘Pecco’ Bagnaia, líder de la marca de Borgo Panigale.

Ante todo, mucha calma

No es fácil competir evadiéndose de la atmósfera de las carreras que es, dicen, lo que pretende Marc si regresa, la semana que viene, en Aragón. “Si vuelve es porque puede. Y, si puede, les meterá”, dicen en la carpa de Dorna, organizadora del Mundial. “Yo solo le pido calma, mucha calma. Marc ha cometido muchas estupideces de este tipo en los últimos años, tras sus últimas operaciones, y las ha pagado injustamente. Yo también quiero que esta sea la vez definitiva. Necesitamos al mejor Marc Márquez, al campeón, al maestro, al ganador, al invencible, así que le pediría un poco de calma en su regreso”, explica el italiano Carlo Pernat, descubridor de Valentino Rossi y actual manager, entre otros, del gran Enea Bastianini.

"Necesitamos al mejor Marc Márquez, al campeón, al maestro, al ganador, al invencible, así que le pediría un poco de calma en su regreso"

Carlo Pernat - Descubridor de Valentino Rossi

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Existe, sin duda, un problema añadido al viacrucis de Márquez, que parece estar cumpliendo ya sus últimas estaciones: Honda está desesperada, vive una de sus épocas más nefastas. Con decir que Marc, que se ha perdido ocho carreras, es decir, más de la mitad del campeonato, es su mejor piloto, con 60 puntos, por delante de los otros tres pilotos oficiales (Pol Espargaró, Àlex Márquez y Takaaki Nakagami) está todo dicho ¿no? “Yo no soy el ‘hombre milagro’, ¡ni hablar! Los milagros los puedes hacer un día, dos, tres en una, dos o tres carreras, salvar una, dos o tres caídas, ganar uno, dos o tres grandes premios con una proeza, pero los títulos los gana una fábrica, un proyecto, una moto, un equipo, todos y aún no estamos en esa circunstancia. Lo bueno es que Honda nunca entró en pánico y está reaccionando. Pero, por favor, dejen de decir que yo solo obraré el milagro”.

Ruptura amistosa

El milagro que sí obrará Marc Márquez es el de la transformación de su imagen. MM93 ha decidido ponerse en manos de los que más saben y “tras el desgaste normal con el paso de los años, ocurre hasta en los matrimonios”, Marc ha roto, amistosamente (se supone, poco se sabe de eso y nunca se sabrá), con Emilio Alzamora, el hombre que le convirtió en campeón y empezó a guiar sus pasos desde los 12 años.

Márquez cree que su imagen, sus logros, su sonrisa y su estilo deben tener un mayor eco a nivel mediático

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Digámoslo claramente: Marc Márquez cree que su imagen, sus logros, su sonrisa, su estilo, su particular manera de afrontar las carreras, su vida en el ‘paddock’, ser un líder entre los suyos, debe tener un mayor eco a nivel mediático y, sobre todo, en las redes sociales, la nube, el mundo que mueve el mundo. Y por eso ha escogido, como nuevo manager, a un experto del marketing, vinculado a Red Bull, Jaime ‘Jimmy’ Mártinez, que ha recibido el visto bueno de su compañía para dedicarse, en cuerpo y alma, al campeón de Cervera.

Y ya hay quien cuenta que uno de los deseos, casi sueño, perfectamente realizable, ya verán, es clonar la espectacular ‘marea naranja’ que Jos Verstappen, padre de Max, el flamante campeón de F-1, instala, construye y, sobre todo, visualiza, a través de la retransmisión televisiva de cada GP de F-1. Marc quiere una ‘marea roja’, el pueblo del 93, en cada circuito y ‘Jimmy’ está ya manos a la obra, sin duda en compañía del bueno, del extraordinario, del maravilloso Ramón Márquez, el tío de Marc que se cuida de su Club de Fans.

De vuelta

Aquel viernes de Mugello, cuando Sánchez Sotelo le llamó a las 12.00 del mediodía y le dijo “¡ven ya!”, Márquez acababa de decirle que no podía más. “Doctor, no vale la pena seguir así. El sufrimiento es mucho mayor que la diversión, mucho mayor que el sentido de correr, de disfrutar”. Y voló hacia la Mayo, los quirófanos que conoce de memoria, a ciegas, Alberto Puig.

Y, ahora, 95 días después, Marc está de vuelta. “Pero nada de épicas, por favor, aún me queda un rato para ser el que fui. Si vuelvo a serlo. Lo único que quiero es pilotar de forma natural. Llegar a la curva y no tener que pensar cómo debo colocar el brazo derecho para que no me duela. Quiero disfrutar olvidándome del húmero. Eso es todo”.

Una cosa está clara: Honda deberá sacarse una gran moto o, al menos, una moto competitiva, de la chistera para que MM93 ponga el resto. Como siempre. De lo contrario, todo el ‘paddock’, incluido alguno de los jefes supremos del ‘team’ Repsol Honda, piensa que Marc, con contrato hasta finales del 2024, romperá su acuerdo con la firma alada y escapará a otro equipo para poder ganar en el 2024 con otra moto.

Como escribió Ramón Márquez en su Twitter, el pasado miércoles: “La rendición nunca fue una opción”.

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