Maradona ganó el Mundial en 1986. Cruyff y Messi disputaron una final, aunque la perdieron, en 1974 y 2014, respectivamente. Pelé juega en otra Liga, porque es el único jugador de la historia con tres títulos mundiales (1958, 1962 y 1970).

En la galería de los mejores jugadores de la historia y su relación con el Mundial, falta uno. Y no uno cualquiera: Alfredo di Stefano, el futbolista más completo de la historia y uno de los cinco mejores de todos los tiempos, nunca llegó a disputar el Mundial. ¿Por qué?

Di Stefano, nacido en 1926 en el barrio bonaerense de Barracas, fue víctima de unos tiempos convulsos. Jugó con dos selecciones, Argentina y España, pero nunca llegó a disputar ni un minuto del gran torneo de selecciones.

Debutó con la selección argentina el 4 de diciembre de 1947, en un partido del campeonato Sudamericano (la actual Copa América), que acabaría ganando con Argentina. Tenía 21 años. Imposible imaginar que ese sería su primer y último título como internacional. 

El de 1950 iba a ser su primer Mundial. Lo organizaría Brasil, país con el que Argentina mantenía abierto un conflicto deportivo: la CBF había prohibido a uno de sus clubes disputar un amistoso contra un equipo argentino en Chile y la AFA canceló su inscripción al Mundial en enero de 1950.

Hubo otras razones: Argentina aspiraba a organizar el Mundial de 1950, y cuando la FIFA se lo concedió a Brasil, el enfado en la AFA fue monumental. 

En 1953, Di Stefano ya jugaba en el Real Madrid, pero aún era ciudadano argentino. Los trámites para obtener la nacionalidad española se demoraron más de dos años, así que el Mundial de 1954 lo tendría que haber disputado como argentino.

Argentina, ausente en el Mundial de 1954

Pero Argentina tampoco acudió a Suiza’54. En esta ocasión, el motivo principal fue la enemistad de Argentina con la mayoría de países de su entorno futbolístico, a raíz de la huelga de jugadores de 1948, que provocó que muchos futbolistas –entre ellos Di Stefano- emigrasen a Colombia, país que aún no estaba afiliado a la FIFA. 

Por ese motivo, los dueños de los clubes colombianos –Millonarios de Bogotá en el caso de Di Stefano- no estaban obligados a ceder a sus jugadores. 

Argentina también renunció al Mundial de 1954: el único enviado argentino a Suiza fue el seleccionador, Guillermo Stábile (que había jugado la final de 1930), encargado de redactar informes. En uno de ellos escribió: “si la Argentina hubiera concurrido a este Mundial, habría tenido una actuación destacada”.

El 30 de enero de 1957, Di Stefano debutó como internacional con España (ese mismo día también se estrenó otro ilustre, Luis Suárez). Jugaría, por lo tanto, el Mundial de 1958 con el combinado español.

Un fracaso inesperado

Pero España no se clasificó para Suecia’58: pese a tener a algunos de los futbolistas más destacados del momento (Kubala, Di Stefano, Suárez, Gento, Rial, etc), la selección fracasó en su grupo de clasificación. Quedó encuadrada junto a Suiza y Escocia. Solo se clasificaba para el Mundial el primero de cada grupo. España empezó con un empate ante Suiza (2-2) y una derrota en Escocia (4-2), lastre imposible de remontar. La plaza mundialista fue para Escocia. 

Chile’62 sería la última oportunidad de Di Stefano. El futbolista del Madrid tenía hambre de títulos internacionales, porque no había podido disputar la Eurocopa de 1960 (Franco permitió a España jugar ante la URSS).

Pero en el penúltimo amistoso antes de viajar a Chile, en el estadio de Atocha, Di Stefano se lesiona. “Era teóricamente solo un tirón, pero me afectó al nervio ciático”, confesó después.

“Con el tiempo, siempre pensé que el problema de mi lesión era la pérdida de peso. Se me descompensó la musculatura. Helenio Herrera [seleccionador español] estaba obsesionado con el peso. Nos daba muy poco de comer. Me quería bajar de 76 a 72 kilos. De noche solo me daban una manzana y una naranja”.

Ya en Chile, Di Stefano entrenaba con el equipo, pero el dolor era insoportable. “En cuanto forzaba, volvía el dolor. Me dieron de todo, onda corta, onda larga, onda ultravioleta. Por las noches me ponía la lámpara en la pierna para que me diera calor”.

Di Stefano, que había invitado a su familia a viajar a Chile para que le vieran por fin jugar un partido del Mundial, se desesperaba con el paso de los días. Intentó convencer a Helenio Herrera de que le dejase descansar un par de días para recuperarse y jugar al menos la segunda fase. 

Pero España no pasó de la primera fase: derrota ante Checoslovaquia, victoria ante México y derrota ante Brasil. Brasil y Checoslovaquia, por cierto, jugarían la final del torneo.

Di Stefano regresó a España sin haber podido jugar ni un minuto, y convencido de que la estricta dieta de ‘HH’ le había impedido estrenarse en un Mundial. “En cuanto volví a casa y empecé a comer pollo, spaguettis y asados, me puse bien en quince días”, contaba en su biografía, titulada ‘Gracias, vieja’.

Di Stefano jugó su último partido profesional en abril de 1966: meses después arrancaría el Mundial de Inglaterra, al que la ‘saeta rubia’ ya no llegó. Tenía 40 años.