Si te quedas solo, lo mejor que puedes hacer es asumirlo e ir de frente. Algo así debe haber pasado por la cabeza del cántabro Pablo Fernández cuando, de las ruinas de The Puzzles (uno de los combos más destacados de la prolífica escena revivalista cántabra) comenzó a dar forma a Pablo Solo, su proyecto solista en el más estricto sentido de la palabra: Pablo toca absolutamente todos los instrumentos, hace todas las voces, y hasta construyó con sus propias manos el estudio en el que graba sus canciones. En directo, sube la apuesta presentándose como un hombre orquesta que, mientras canta y toca la guitarra, con los pies toca un set de percusión hecho, como no podía ser de otra manera, por él mismo. Ya puesto, saca tiempo y extremidades para aporrear platos, loopear pistas y hacer otras percusiones.

La música de Pablo Solo es un homenaje a y una puesta al día del mejor rock clásico. En algún lugar entre el

R&B, el rock and roll, y el easy listening, pocos artistas son capaces de navegar la dulce suavidad de la psicodelia

más naive con su temple y naturalidad. Habiendo grabado y girado con artistas de la talla de Diego Vasallo, Luis

Auserón y Micah P. Hinson, con puntería encomiable editó su primer LP (Alondras, Folc Records 2020) el día en

el que España entró en confinamiento. Lejos de caer en el olvido, el disco fue destacado entre lo mejor del año por la prensa especializada.