Pedro y el capitán es un tenso y largo diálogo entre víctima y verdugo que se desarrolla en una sala de interrogatorios. Pedro es un hombre que usa su silencio casi como un escudo y su negativa casi como un arma, un hombre que prefiere la muerte a la traición. Un texto que nos invita a rechazar todo acto de totalitarismo y refuerza nuestras convicciones humanistas y democráticas.

La música fue, en su día, un protagonista relevante; Torturados y torturadores hicieron uso de ella. La música, en esta puesta en escena, se convierte en elemento humanizador porque es bien sabido que en toda guerra, en toda lucha lo primero que se hace es tratar de deshumanizar al rival. La dirección trata con esta propuesta de dignificar a los personajes, como seres humanos. Con el objetivo de comprenderlos y comprendernos mejor a nosotros mismos.