Con el autor acompañado por Manuel Molins.

"Se sienten carcomas, motores. Me hacen embalar.

Los persigo en la canícula del verano, los días del perro. Pero los perros nunca enloquecieron: dicen la verdad cuando el hombre no la soporta.

Todo esto brilla tanto porque está cerca de la tierra: nunca se separa. Pastor por el nadir, rastreador del fondo del cielo. Resplandeciente caída encendida, periga de su viaje periférico.

Pero es ascendente y no tiene remedio, gorjea. Y subir es oír si se tiene o no se tiene la fuerza. Si se tiene el gesto de cruzar esta calle vacía, se hace. (…)" [de la nota final de Anna Enrich]