Una payasa sale del interior de una maleta, convierte al público en su familia y se despide de él cargada de ilusión y muchos trastos. Pero el viaje será interrumpido por un obstáculo: una frontera. Ese límite será el que le permita el juego, la danza y las diferentes maneras para enfrentar aquello que se interpone en su camino.

El público será durante todo el viaje parte del espectáculo: una multitud que se despide agitando pañuelos blancos, una madre que le ayuda a vestirse, un hombre que se toma un café con ella a través de la alambrada, una mujer que le ofrece una cuerda para saltar o unos chicos que se convierten en las columnas que sostienen el tejado de su casa.

Al final, y siempre gracias a todos, conseguirá su ojetivo: la libertad.