"¡Todo el mundo me quiere ver trabajando y en el teatro", se "queja" Julia Gutiérrez Caba, a quien llueven las ofertas en su lúcida madurez, desde la que ve con "los pies en la tierra" que premios como el que recibirá el día 3 del Festival de Almagro son "nostálgicos", porque son "los que tocan por edad".

Cumplirá los 82 años en octubre y de ellos ha dedicado 63 a una profesión en la que su familia lo ha sido todo en la interpretación desde que Pascual Alba pisara un escenario hace 150 años, le siguieran sus hijas Irene y Julia, su nieta Irene Caba Alba, sus bisnietas Julia, Irene y Emilio Gutiérrez Caba y su tataranieta Irene Escolar.

El Premio del Corral de Comedias de Almagro, que le entregará el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro el próximo 3 de julio en esa localidad, es, como "otros", asegura en una entrevista con Efe, un reconocimiento "melancólico, nostálgico, porque es el que te toca por la edad".

"Te ponen en la realidad porque te hacen ver que te lo dan a tu vida, no por un trabajo, y que es un ciclo que se acaba. El mejor reconocimiento, no obstante, sigue siendo el que la gente te dé las gracias por la calle por las cosas que hiciste y ellos vieron", sostiene.

Este oficio suyo, dice, es duro pero también mágico "y tiene momentos muy malos pero también otros que nadie vive nunca. Son muchas vidas y somos unos privilegiados", recalca la "propietaria" de decenas de premios, del Goya al Nacional de Teatro.

No solo es el mundo del teatro el que premia su trayectoria constantemente, sino que es el "único", con gran desilusión para ella, a la le "encantarían" ofertas de cine y televisión, que sigue demandando su presencia "con insistencia".

"Le he dedicado una vida entera y es suficiente, aunque siempre digo que el teatro es el que más me ha requerido y querido. Yo, parafraseando a Rex Harris, soy una actriz de teatro que hace cine. El teatro es mi vida", admite.

Insiste, como viene haciendo en los últimos años -su última función fue "Madame Raquin", en 2002-, que no volverá a las tablas porque no puede ofrecer "todo lo que requiere" una función, es decir, aprenderse un papel, ensayos, funciones y gira.

"No puedo soportarlo físicamente. Ya no me encuentro en condiciones de hacerlo. Lo noto al subir las escaleras y necesitaría 120 horas en vez de 60 para aprenderme un papel", se ríe, delgada, erguida y saludable como siempre: "no hay que dejarse impresionar por las apariencias", bromea coqueta.

Ella con 50 años, corría, saltaba "y lo que le echaran" pero ahora se conoce "de arriba a abajo" y no está dispuesta a correr riesgos.

"Yo no se qué hará Mick Jagger, pero recuerdo que viajan con geriatra y no hacen una función cada día y a veces dos", se ríe de nuevo.

Aún con todo, ha aceptado la invitación del actor, director y académico José Luis Gómez para hacerse cargo de una de las lecturas dramatizadas de textos clásicos que el Festival ha montado en colaboración con la Real Academia Española (RAE).

"Me llamó José Luis, me dijo que quería contar conmigo y no me lo pensé dos veces, porque no era una cosa a diario y supe que quería estar en ello", rememora la actriz, que interpretará al día siguiente de recibir su premio "Escrito por Teresa de Ávila".

Le parece "muy bonito" porque la iniciativa explora, "además", en "la dimensión del lenguaje y la palabra".

Tantas décadas de oficio no le han quitado el temor "real" de quedarse afónica en el escenario, de ahí que siempre lleve un "foulard" en el cuello y los "oníricos" de olvidarse el texto, llegar tarde a una función, "aparecer en el escenario sin saber qué hay que hacer" o vestirse con lentitud desesperante.

"No sé por qué es, porque alguna vez sí me ha pasado olvidar una frase, pero el resto de cosas nunca. Sé que a todos nos pasa lo mismo. Estamos muy pendientes de nosotros mismos...", añade con una sonrisa pícara.