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Cine

'Mi querida señorita' ahora es intersexual: cómo el cine español se revisa a sí mismo

Este viernes llega a los cine el remake de ‘Mi querida señorita’ y el próximo 5 de junio se estrenará ‘Día de caza’, nueva versión en clave femenina de ‘La caza’ de Carlos Saura.

José Luis Borau produjo y escribió en 1972 ‘Mi querida señorita’, de cuya realización se encargó Jaime de Armiñán cuando el franquismo enfilaba sus últimos y violentos tiempos.

José Luis Borau produjo y escribió en 1972 ‘Mi querida señorita’, de cuya realización se encargó Jaime de Armiñán cuando el franquismo enfilaba sus últimos y violentos tiempos. / EPC

Quim Casas

Barcelona

En Hollywood es una práctica acostumbrada, lo mismo que en varios países europeos. Los grandes hitos cinematográficos, por cuestiones históricas, estéticas o políticas, pueden, y en algunos casos deben, ser revisados en otros contextos en los que el planteamiento de las películas, así como la percepción del espectador, es muy otro. La del remake no es una práctica tan habitual en el cine español. Ahora coinciden las nuevas versiones de dos películas rodadas durante el franquismo que uno no entiende aún como pudieron pasar la férrea censura de la época.

‘La caza’ fue realizada por Carlos Saura en 1966. A través de las disputas, progresivamente más tensas y violentas, entre tres hombres maduros y uno más joven durante una partida de caza, Saura hizo una hiriente metáfora de las dos Españas; no se necesitaba ser un genio para entender de lo que hablaba el cineasta en pleno franquismo. El filme compitió en Berlín y le reportó a Saura el Oso de Plata al mejor director, algo que al régimen le iba muy bien para demostrar, de puertas afuera, que permitía la realización de películas críticas con el propio régimen: la dictadura buscaba en el cine dar una imagen aperturista.

Los personajes encarnados en ‘La caza’ por Alfredo Mayo, Ismael Merlo, José María Prada y Emilio Gutiérrez Cava recaen ahora en Rossy de Palma, Carmen Machi, Blanca Portillo y la joven Zoe Arnao.

Los personajes encarnados en ‘La caza’ por Alfredo Mayo, Ismael Merlo, José María Prada y Emilio Gutiérrez Cava recaen ahora en Rossy de Palma, Carmen Machi, Blanca Portillo y la joven Zoe Arnao. / EPC

José Luis Borau produjo y escribió en 1972 ‘Mi querida señorita’, de cuya realización se encargó Jaime de Armiñán. Cuando el franquismo enfilaba sus últimos y violentos tiempos, la presencia de una película sobre una mujer madura y soltera de una ciudad de provincias que no acaba de sentirse cómoda con su propio cuerpo, que se afeita y se siente atraída por su joven criada, era lo más parecido a un ovni que podía aparecer entre las comedias de Mariano Ozores. Que además el personaje estuviera interpretado por José Luis López Vázquez, tan vinculado a aquel cine de consumo –aunque ya había trabajado con Saura–, le confería al filme una mayor sensación de extrañeza, de irrealidad.

La actual ‘Mi querida señorita’ está producida por Los Javis y dirigida por Fernando González Molina.

La actual ‘Mi querida señorita’ está producida por Los Javis y dirigida por Fernando González Molina. / EPC

Ambas películas son fruto de su tiempo, tan represivo en materia política como en la sexual: una reflexión sobre los efectos de la guerra civil española y el retrato de un personaje transgénero cuando la transexualidad, entonces acotada al terreno de los travestis, era perseguida, castigada y repudiada. Han pasado 60 años desde que se estrenara ‘La caza’ y seis menos desde que fuera realizada ‘Mi querida señorita’. La situación no es evidentemente la misma, aunque el colectivo LGTBIQ+ siga siendo estigmatizado desde muchos sectores y la extrema derecha gane peso en la frágil política española. Un buen contexto (otro) para la aparición de las nuevas versiones, puestas al día, de ambas películas.

La actual ‘Mi querida señorita’ está producida por Los Javis y dirigida por Fernando González Molina, quien en 2018 abordó a seis personas homosexuales en distintas situaciones personales y laborales en el documental 'The best day of my life’. El guion de dramaturga, escritora y activista Alana S. Portero –autora de una novela, ‘La mala costumbre’, sobre el cuerpo equivocado– se enfrenta a la misma historia con lógicos matices. Adela (mismo nombre que el personaje en el filme original) está interpretada aquí por Elisabeth Martínez, actriz intersexual. La intersexualidad es lo que sus padres, de extracción muy conservadora, le han ocultado durante años.

Es un filme sobre el despertar a la verdadera identidad, aunque en un contexto diferente, en este caso la ciudad de Pamplona. Es tanto un homenaje a la primera película como una actualización planteada con todos aquellos elementos que en 1972 no podían ser ni sugeridos. Serán un sacerdote gay, una prostituta y una fisioterapeuta la que ayudarán a la protagonista a descubrir quién es y cómo es su cuerpo.

Los personajes encarnados en ‘La caza’ por Alfredo Mayo, Ismael Merlo, José María Prada y Emilio Gutiérrez Cava recaen ahora en Rossy de Palma, Carmen Machi, Blanca Portillo y la joven Zoe Arnao. Pedro Aguilera, director de ‘Día de caza’, ha cambiado el género de los personajes, no así sus respectivas situaciones (separaciones, alcoholismo, quiebra económica) y el lugar de los hechos. La cinta es tanto una nueva versión como una suerte de continuación, ya que las mujeres llegan a la casa del coto y lo primero que ven es una foto colgada en una de las paredes con los cuatro protagonistas del filme de Saura. Poco después, en una de las conversaciones, una recuerda que el tío José (Ismael Merlo en ‘La caza’) mató a todos sus amigos, y otra apunta a que se hizo una película de ello, la propia ‘La caza’. Una le recrimina a la otra que habla mucho del tío José sin haberle conocido, y esta le contesta: “Es igual, lo vi en la película”.

Las tres mujeres maduras son de derechas y anti-cambio climático. Silban el himno nacional y dicen haberse criado con leche de vaca y whisky, no con leche de avena y libros de Paul B. Preciado, que es lo que puede leer Diana, la joven del grupo. De un modo u otro, las dos Españas están presentes en ‘Día de caza’, pero con un trasfondo más liviano, y el director se permite licencias más propias del cine gore.

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