Con el Reino de Valencia formado, la nueva entidad política hubo de hacer frente a un problema muy distinto: los cuñados castellanos. Conquistas convergentes, roces fronterizos, castillos preventivos, cambios de frontera y tratados. Viejas historias, sí, pero de forja y cuchillo: así les hicieron y cortaron.

Quien llama la Toscana valenciana a estas venerables y agudas peñas y a los barrancos de vértigo (a veces, urbanos como el que le sirve de cauce al Cànyoles en Moixent) que las separan, no sólo es muy probable que nunca haya estado en la patria de la lengua italiana, sino que no ve del todo aquello que aquí se le ofrece. Gracias por el piropo, pero se trata de otra cosa.

Esta vez, la excusa para recorrer ese triángulo de mosto (que lleva camino de ser cuadrilátero con la recuperación de la viña en Ontinyent) son las fiestas de la Mare de Déu dels Xics (en el sentido de xiquets) de la Font de la Figuera, donde, pasadas las doce de la noche „(un horario muy poco toscano), más de noventa parejas de entre 10 y 80 años bailan en la plaza Mayor la dansà, mucho menos elemental de lo que a veces se dice, pues sobre el cañamazo del ball pla se van tejiendo los pasos, saltos y giros de otros movimientos mucho más elaborados. La tradición lista para evolucionar, es la primera ley de vida. Entre las bodegas del municipio está la de Arráez, que tiene auditorio y sala de exposiciones (y mucho diseño en las etiquetas).

Aquí nos reciben nuestros amigos Cristina y Manolo, los niños Àngels y Manel (que toman parte en la dansà), y los perritos Poli y Heli (con hache de Helicobacter, pues este ratonero es apenas mayor que una bacteria). Manel, además, es cocinero (categoría infantil) y compone los platos con tanto gusto como los artistas daneses de la hojarasca vegetariana (pero con más chicha).

Antes nos hemos detenido en Moixent, donde la aguja de la torre de Sant Pere (dicen que es del XIX, pero yo vi elementos más antiguos) comparte encuadre con la torre de su castillo almohade. Creo que hay boda. Recorremos las calles de la parte alta y el agradable paseo del Pare Moreno, fraile y zahorí, como mandan los cánones de la piedad popular en este secarral. Al fondo del paseo, un edificio modernista y amarillo, interesante, que parece una escuela de monjas o un convento. Aquí, en una atalaya con la meseta a la vista, estuvo el mayor de nuestros poblados iberos: la Bastida de les Alcusses. Y aquí se encontró el Guerrer de Moixent, quizá un exvoto, pues el jinete en armas exhibe una sonrisa interior, de iluminación. Vale la pena visitarla.

En bodegas nadie gana a Fontanars, pero quizá la más antigua (con cubas de fermentación que son tinas de barro enterradas) está en el Celler del Roure, de Pablo Calatayud, en Moixent. En medio de esta majestad, ciertos cretinos programaron un vertedero. ?

€ Dormir

Hoteles y paradores

mas de montserrat

Moixent. Encantador hotel rural al principio del camino hacia Fontanars, que tiene también un buen restaurante (hay gazpachos). 70-90 euros, la doble. Tel. 962 132 424.

€Comer

Restaurantes

casa julio

Fontanars. Una estrella Michelin para su cocina creativa. Tiene también una sección, más económica, de tapas y raciones tradicionales. 65 euros, a la carta.

Tel. 962 222 238.