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Castellfort, el descanso del peregrino

En la tierra de las rogativas, el Santuari de la Mare de Déu de la Font de Castellfort sigue siendo imán, cada año, de decenas de visitantes.

Un detalle de la fachada de la iglesia. | I.O.

No hay mayor regalo para un peregrino cansado y sediento que encontrar cobijo en mitad del camino. Cualquier amante de la montaña y de las largas caminatas sabe de primera mano la enorme satisfacción que al cuerpo y al alma les produce un buen plato caliente, una cerveza fresca y un reposo mientras las doloridas piernas, por fin, se abandonan a un inusual, para ellas, dolce far niente.

Quizás por eso, por simbolizar muchas cosas y no solo una, durante siglos el Santuari de la Mare de Déu de la Font de Castellfort ha sido espacio de veneración de generación en generación, primero para los humildes caminantes de a pie y, ahora, para quien llega cómodamente a su regazo en cualquier vehículo motorizado. Su sola entrada, de hecho, ya impone. No en vano el viajero se topa con el Santuari en medio del camino ya que la propia carretera atraviesa, por sorpresa, sus dominios tras una curva.

Santuario de la Mare
de Déu de la Font. |  I.O.

Santuario de la Mare de Déu de la Font. | I.O. POR ISABEL OLMOS

Esta ermita santuario, situada en la vía que sube a Castellfort desde la vecina Ares del Maestrat, se remonta al año 1476 y está formada por un conjunto de edificios que rodean una plaza «antiguamente cerrada e indefendible» según reza el cartel explicativo ubicado allí mismo. En 1502 se levantó la capilla, la casa de la ermita, un pequeño hostal y los corrales y, posteriormente, se ampliaron algunos de los espacios de la ermita, a la que acuden devotos de Castellfort, Ares y Catí en las romerías y rogativas tan populares en la comarca dels Ports y también de l’Alt Maestrat.

Escalinatas en Castellfort.

Escalinatas en Castellfort. i.O.

En la actualidad, el recinto solo se abre en ocasiones señaladas como puentes y celebraciones festivas pero quien acude puede disfrutar de un entorno pintoresco y de especial interés. De hecho, las pinturas son grandes protagonistas en la Mare de Déu de la Font. Por un lado, se puede disfrutar de ellas en el propio prebisterio pero también en viejo hostal, que acoge en su interior la conocida ‘Sala Pintada’ (mitad del siglo XVI) con murales de 1597 del pintor Cerdà de gran valor artístico relacionadas con los misterios marianos y escenas de la Pasión y muerte de Cristo. En la actualidad el acceso a las mismas está cerrado y hay que preguntar al ayuntamiento en los festivos por si acaso hay suerte y la escapada tiene premio.

¿Y la fuente que da nombre, dónde está? Nada más llegar, el viajero dará de bruces con ella. Está situada justo a los pies de la ermita y recoge las aguas de la fuente interior de la misma. De hecho, la iglesia original se sitúa junto a una cueva en la que existe un manantial natural. Y de ahí el nombre. Fresca y sin cesar su curso proporciona al visitante un instante de paz y sosiego muy recomendable en estos tiempos convulsos.

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