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Un escondite en la gran ciudad

Con el turismo en su mínima expresión, la Plaza Redonda de València vuelve ser un lugar de encuentro y reunión ajeno al frenesí de la ciudad.

La Plaza Redonda desde el aire, con 
el parasol clásico que protege a 
bares   comercios.  | EDUARDO RIPOLL

La Plaza Redonda desde el aire, con el parasol clásico que protege a bares comercios. | EDUARDO RIPOLL

A través de la Plaza Redonda de València se puede leer la historia de la ciudad. Varios nombres y usos acreditan todos los estados por los que la capital ha pasado, desde ser epicentro comercial hasta ser un referente en el turismo nacional e internacional. La plaza de ‘El Clot’, ‘de la Regencia, ‘Circular’ o ‘del Cid’ ha llegado hasta nuestros días como un icono y no hay niño o niña en la ciudad que no se maraville cuando se encuentra por sorpresa con ella.

Fue diseñada en 1840 por Salvador Escrig para levantar algo parecido a un mercado al aire libre, ya que se destinó a la instalación del pequeño comercio. Uno de los más relevantes fue una pescadería que hoy da nombre a uno de sus cuatro accesos. En 1846 se terminaron las obras y su trazado urbano no dejó indiferente a nadie. De planta circular, tiene cuatro accesos aunque solo uno está abiertamente visible, el que recae sobre la céntrica Calle San Vicente. Los otros tres se abren entre las fachadas de las calles contiguas con arcos carpanales, tres de ellos se situaron sobre los viejos accesos al matadero y a la pescadería. El bloque que contiene a esta plaza lo conforman 35 parcelas y 16 edificios recaen sobre la plazuela. El resto, aunque la circundan, dan a las vías del Derecho, de Trench y de la Sombrerería.

Recién estrenada se plantaron 8 árboles en su interior y la fuente ornamental llegó algo después, como el parasol instalado de madera y pizarra que cerraba a las inclemencias meteorológicas la plaza. De esa forma, además de los comercios insertados en las propias fachadas podían instalarse otras paradas bajo el tinglado.

Además de comercios tradicionales, durante décadas esta plaza fue usada como rastro en el centro de la ciudad y de pequeñas dimensiones, donde era fácil encontrar animales, sellos y monedas. Sin embargo, uno de los episodios más polémicos que hizo correr ríos de tinta fue la reforma que el gobierno de Rita Barberá implementó entre 2008 y 2012, una remodelación que cambió completamente la imagen original del enclave. La decadencia que caracterizaba a esta plaza se convirtió en un lugar más turístico que utilitario, cambiando las viejas persianas de metal de los comercios por contraventanas de madera a conjunto con las fachadas de las viviendas que recaen sobre la plaza donde hoy, además de comercios, los restaurantes han tomado el lugar.

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