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La Casa Judía, todo un icono

Pocos edificios en València embelesan tanto como este. Motivos no faltan. Su eclectismo hipnotiza al transeúnte y le adentra en un mundo casi onírico.

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Así es la colorida Casa Judía de València Germán Caballero

Si el mito de Babel situaba el origen de todos los males en una diversidad cultural que dificultaría la comunicación humana frente a los supuestos beneficios de una lengua original única, el edificio que en 1930 levantó el arquitecto Joan Guardiola en València parece defender justo todo lo contrario. Y es que sentarse a contemplar la fachada de la conocida Casa Judía de València es adentrarse en la compleja identidad de un mundo levantado sobre los pilares de las diferentes religiones, creencias, legados y aspiraciones.

Situada en el número 20 de la calle Castelló de la capital valenciana, una estrella de David en el dintel de la puerta de entrada al edificio es el protagonista de la denominación de esta singular construcción, pero la diversidad se exhibe en todo el frontal con elementos de inspiración hindú, oriental, árabe, egipcio o hebreo. Todo un ejemplo de art-decó valenciano que embelesa al peatón que, ajeno al ajetreado ritmo del transeúnte de ciudad, haya tenido la suerte de observar por un instante -aunque solo sea por un instante- este edificio icónico y estético de la capital valenciana. No es fácil: aunque esta situado cerca de la Estació del Nord y la Gran Via, la estrechez de la vía la sitúa mas como una calle de paso, de esas en las uno no se detiene a contemplar.

Su creador fue el arquitecto de Sueca Joan Guardiola quien, previamente, ya había construido la imponente Casa Xina en Barcelona (situada en la calle Muntaner 54) o el Ateneu del Socors en Sueca -donde también levantó el Teatre Serrano-. A lo largo de su carrera edificaría numerosas viviendas, almacenes, cines, fábricas y teatros como, por ejemplo, el Cine Monterrey de la Pobla Llarga, el Cine California de Castelló, en la Ribera también, y proyectó el ahora inexistente Cine Casablanca en Alzira.

Su obra varió con las décadas, siempre en función de los estilos vigentes en cada momento pero en València dejó su parte mas imaginaria, colorista, ecléctica y casi, casi, onírica: la Casa Judía.

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