Los científicos aseguran que vivimos la «era de las pandemias». Y que no ha hecho más que empezar: habrá crisis peores. «Las pandemias surgirán en el futuro con más frecuencia, se propagarán más rápidamente, tendrán mayor impacto en la economía mundial y podrían matar a más personas que el covid-19». Detrás habrá, muy a menudo, motivos ambientales.

Es el negro augurio lanzado por un grupo internacional de 22 expertos, que han alertado a los estados para que adopten medidas destinadas a minimizar los factores de riesgo, en especial la deforestación y el comercio de vida silvestre.

El covid-19 es la sexta pandemia global desde la de gripe de 1918, y, aunque tiene su origen en microbios transportados por animales –como todas las pandemias–, su aparición ha sido impulsada «enteramente por actividades humanas», señala el informe científico elaborado en un taller sobre biodiversidad y pandemias convocado por la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), organismo independiente con representantes de 137 naciones.

El problema es que se estima que existen 1,7 millones de virus aún «no descubiertos» en mamíferos y aves, de los cuales hasta 827.000 podrían tener la capacidad de infectar a los seres humanos.

Los científicos aseguran que para escapar de esta «era de las pandemias» se hace necesario «un cambio transformador en el enfoque global para hacer frente a las enfermedades infecciosas: pasar de la reacción a la prevención».

«No hay gran misterio sobre la causa de la pandemia de covid-19 o de cualquier pandemia moderna. Las mismas actividades humanas que impulsan el cambio climático y la pérdida de biodiversidad también generan riesgos de pandemia a través de sus impactos en nuestro medio ambiente», apuntó el Peter Daszak, presidente de EcoHealth Alliance y director del taller

«Los cambios en la forma en que usamos el suelo, la expansión e intensificación de la agricultura, y el comercio, la producción y el consumo insostenibles perturban la naturaleza y aumentan el contacto entre la vida silvestre, el ganado, los patógenos y las personas. Este es el camino que conduce hacia las pandemias», añadióDaszak.

Por contra, el riesgo de pandemias puede disminuir «significativamente» si se reducen las actividades humanas que impulsan la pérdida de biodiversidad, mediante «una mayor conservación de las áreas protegidas» y «con medidas que reduzcan la explotación insostenible de las regiones de alta biodiversidad».

Se reducirá así el contacto entre la vida silvestre, el ganado y los humanos, lo que «ayudará a prevenir la propagación de nuevas enfermedades», recoge el informe.

Pese a que la ciencia tiene una capacidad «cada vez mayor» de prevenir pandemias, «ahora mismo la forma en que las estamos abordando la ignora en gran medida. Nuestro enfoque se ha estancado: todavía dependemos de los intentos de contener y controlar las enfermedades después de que surgen, a través de vacunas y tratamientos», resaltó Daszak, que abogó por incidir en la prevención.

El informe indica que depender de las respuestas a las enfermedades después de su aparición, con medidas de salud pública y soluciones tecnológicas, en particular el diseño y la distribución rápidos de nuevas vacunas y terapias, es «un camino lento e incierto».

Los expertos calculan que el coste de reducir los riesgos para prevenir las pandemias es 100 veces menor que el de reaccionar ante ellas.

También un gurpo de trabajo multidisciplinar que asesora al Ministerio de Ciencia e Innovación de España señala: «Si se examinan las más de 250 pandemias sufridas por la humanidad, llama la atención que la proporción de ellas generada por patógenos de origen animal (zoonótico) se ha incrementado significativamente en los dos últimos siglos», apuntan.

Un 70% de las nuevas enfermedades que han surgido en humanos en las cinco últimas décadas (enfermedades emergentes) son de origen animal, al igual que casi todas las pandemias conocidas.

Las consideraciones de este grupo multidisiciplinar coinciden con las manifestadas por otros investigadores, que apuntan a que la deforestación, los asentamientos humanos en hábitats de fauna silvestre, la producción agrícola y ganadera y la urbanización desmesurada han provocado que desde 1960 haya surgido un 30% más de enfermedades infecciosas y con posibilidad de convertirse en pandémicas.

«Dado a que no existen políticas de protección efectivas, los virus y bacterias infecciosas encuentran un hueco libre para expandirse rápidamente», recogen los expertos.

Lo mismo afirma un artículo publicado hace unas semanas en la revista científica ‘Environmental Research’ que introduce el término ‘enfermedad del antropoceno’ y señala que la pandemia de covid-19 es un ejemplo claro de ello, pues el origen de esta zoonosis se sitúa supuestamente el mercado de Wuhan, en el que incurren diversas de estas alteraciones del medio con fines económicos, como la captura de especies exóticas o la comercialización y el consumo mal regulado de animales.

Un informe redactado el año pasado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) identifica siete tendencias que impulsan la creciente aparición de las zoonosis; entre ellas, «la mayor demanda de proteína animal, el aumento de la agricultura intensiva e insostenible, la explotación de la vida silvestre y la crisis climática».

«La ciencia ha dejado claro que, si seguimos explotando la vida silvestre y destruyendo los ecosistemas, en los próximos años tendremos un flujo constante de enfermedades pasando de animales a humanos», señaló la directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen.

«Las pandemias son devastadoras para nuestras vidas y nuestras economías, y como hemos visto en los últimos meses, quienes más sufren son los más pobres y vulnerables. Para evitar futuros brotes, debemos proteger el medio ambiente de forma más decidida», concluyó Andersen.

De ahí el lema ‘una sola salud’, pues la salud de los humanos está en consonancia con la salud de los hábitats.