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Castillo de Castro: El vígía de Espadán

La vista del castillo de Alfondeguilla controla desde Benicàssim hasta Xàbia

Ascenso a la fortaleza.

Cuando uno asciende a cualquiera de los castillos que salpican las cumbres la Comunitat Valenciana, entiende el esfuerzo que debió suponer la construcción del mismo y, sobre todo, comprende cuán grande debía ser el peligro al que se exponían para llevar a cabo una obra tan colosal como aquellas. El de Alfondeguilla (Castelló), conocido como el Castillo de Castro, da fe de ello: una fortificación construida a 815 metros sobre el nivel del mar, al que se accede por un barranco con un desnivel de 700 metros y su fachada oeste es un acantilado sobre el barranco del Horcajo. Las vistas bien valen el ascenso.

Castillo de Castro en una imagen aérea, al fondo, el mar. Asociación Española Amigos de los Castillos

Hay diversas opciones de ruta, pero todas ellas nacen desde Alfondeguilla, el pueblo vecino de La Vall d’Uixò y asentado a los pies de la Sierra de Espadán, donde dejaremos el vehículo. La ruta comienza hacia el norte, a raíz de un camino rural que abandona el pueblo. La subida hasta el castillo está señalizada y es de dificultad media: no es de gran dificultad pero el desnivel sí que es fuerte, por lo que se requiere de cierta experiencia para realizarla. Ahora bien, con los debidos descansos -a lo largo de todo el ascenso hay diversos lugares donde parar- no debería presentar ningún problema coronar la cima. De hecho, casi a mitad de la escalada existe mirador sobre el valle por donde asciende la senda es un buen lugar parar parar y tomar algo de aire. Algo después aparecerá un pequeño bosque con un rio donde se puede aprovechar de nuevo para descansar o para disfrutar de la sombra, aunque a lo largo de todo el recorrido y sobre todo en su tramo final antes de la fortaleza, la senda se abre paso a través de un bosque de pinos y carrascas.

Vistas desde el Castillo de Castro

Los últimos 200 metros de ascenso son los más inclinados y donde más se requerirá estar en buenas aptitudes físicas. Ahora bien. En cuanto se divisa la pequeña puerta con forma de herradura que se abre a una gran estancia, el esfuerzo habrá valido la pena. El estado de conservación de Castro es nefasto. Apenas queda en pie la muralla y algunas habitaciones. El resto son piedras de la montaña donde descansar con una vista panorámica hacia la Comunitat Valenciana: porque eso es lo que se ve, casi 300 kilómetros de costa, desde las Agujas de Benicàssim hasta el Cap de la Nao en Xàbia y el Penyagolosa al norte. Si tenemos suerte de que sea un día de poniente con buena visibilidad, la imagen nos dejará atónitos.

El descenso más recomendado es utilizar el mismo camino por donde se subió, ya que existen dos descensos para hacer la ruta circular que no cuentan con señalización adecuada y es fácil perderse, aunque nos muestran, en un caso, la nevera de Castro y, en el otro, una vieja mina. Teniendo en cuenta que la senda baja por un barranco, en ocasiones ha desaparecido por los pedregales que han generado las lluvias.

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