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Utiel: el corazón del vino

Esta localidad de zona fronteriza se halla entre embutidos y dulces típicos, catas en tierra de vendimia y rutas en la sierra.

Ermita del Remedio Fernando Bustamante

En esta época mi pueblo huele a vino y pólvora. Y sabe a embutidos, almortas, romero, tortas magras, ajoarriero, morteruelo, gazpachos y a turrón de burruecos y alajú. Huele a fiesta y a fallas (retrasadas por la pandemia hasta octubre). Huele a vendimia, al mosto que dejan los tractores cuando van a descargar a la cooperativa y sabe a las catas de Bobal que se pueden hacer en el museo del vino (nada más bajar de la estación de tren) y al aceite de la sierra recién sacado de las almazaras. Huele a las tinajas de las cuevas subterráneas, su tesoro oculto a los ojos, donde la áspera cerámica del siglo pasado custodia en silencio los aromas de la tierra y la uva.

Ermita del Remedio en la Sierra del Negrete de Utiel. /F.Bustamante. | F.B

En Utiel suenan las campanas, las de las Iglesias del siglo XV, de techos inalcanzables la primera, que se sitúa en la plaza, y de paredes blancas con detalles azules y dorados la segunda, anexa al convento de La Merced. Suena a botellines y risas en los bares de las callejuelas del casco antiguo, que este fin de semana, en plena feria gastronómica, acogen la ruta del tapeo, con los fogones a toda máquina. Suena a «¡Viva la virgen del Remedio!», que este mes está de peregrinaje con los vecinos, que la llevan en volandas como si fueran hormigas. Un mes al año (justo este) visita la localidad antes de ser devuelva a su sitio, la Sierra del Negrete, el último fin de semana de octubre.

Calle Real, en el casco histórico. | F.BUSTAMANTE POR GONZALO SÁNCHEZ

Allí la espera otro de los lugares que hay que ver, la ermita del remedio, un santuario pequeño, de muros gruesos pero con muchas campanas, y que en invierno suele presentarse con palmo y medio de nieve. Está en plena sierra, a unos 10 kilómetros conduciendo por la montaña. Una gran plaza adoquinada con merenderos recibe a las visitas, que se pueden hospedar en un albergue no muy lejos de allí. A la izquierda unas escaleras de piedra llevan a un impresionante mirador, y a la derecha, multitud de columpios infantiles y una zona de descanso, desde la que visitar las mil rutas disponibles que ofrece la sierra.

Estatua dedicada a Miguel 
Ballesteros Viana, historiador

Estatua dedicada a Miguel Ballesteros Viana, historiador POR GONZALO SÁNCHEZ

La plaza de toros «la utielana», que cada año en septiembre se llena, el Almázar con su aparato de extracción de miel y seda y la cofradía de labradores y colmeneros, la casa consistorial, la cooperativa agrícola levantada por los vecinos en 1949 (y que fue una de las más grandes del mundo en la época), la Alameda y la casa Alamanzón, un museo popular compuesto por los objetos que han donado los utielanos y utielanas durante décadas. Utiel se puede ver, oler, saborear y escuchar de mil maneras distintas.

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