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L'Hort de Senabre, un enclave de vida entre la Valvanera y la Previsora

Aunque València atraiga al turista por sus innegables encantos del centro histórico, es la voz coral que le proporcionan sus diferentes barrios la que la completan identitariamente. Uno de estos barrios más desconocidos aunque no por ello menos habitado y repleto de vida es l’Hort de Senabre.

Casas de La Previsora, Calle Carteros y Hort de Senabre.

La Virgen de Valvanera es una advocación mariana de la sierra de la Demanda, situada entre Burgos, Soria y La Rioja pero, en el barrio de l’Hort de Senabre de València es también sinónimo de mezcla, voces, colores y muchos, muchos olores. Es el nombre del mercado enclavado en la vecina Creu Coberta pero que el vecindario de Hort de Senabre siente como propio, una pieza arquitectónica singular enclavada entre varios edificios y en perpetua lucha por su supervivencia desde hace algunos años.

Virgen de la Valvanera también es el nombre de un grupo de viviendas levantado en los años 60 para acoger a los numerosos trabajadores de la entonces omnipresente Macosa, una empresa que dio trabajo a miles de valencianos y valencianas y cambió para siempre la fisonomía de los barrios de la Creu Coberta, Camí Real, Sant Marcel·lí y l’Hort de Senabre, abandonando la huerta ancestral para dar paso a edificios, casas y bloques de vivienda en continua expansión.

Mercado de la Valvanera, situado entre varios edificios del barrio. JM López

En su paseo por l’Hort de Senabre, el visitante se lleva muchas cosas. Se lleva, por ejemplo, la visión de las casas ‘baratas’ de La Previsora, un colorido complejo de viviendas diseñadas por Borso di Caminati al estilo de las casas ‘ciudad-jardín’ inglesas, construidas entre 1928 y 1940 en régimen de cooperativa para funcionarios y profesionales de clase media e inspiradas en una filosofía de dignificación de la vivienda obrera. No en vano está levantada junto a la calle Carters, que atraviesa el barrio como una columna vertebral llena de vitalidad y movimiento.

Plaza de Santiago Surárez. JM López

El paseante se lleva también en su visita a l’Hort de Senabre un paseo tranquilo por el acogedor parque Santiago Suárez (levantado en memoria de un cura muy querido en el barrio y fallecido en accidente), que ocupa los terrenos del antiguo huerto de Senabre, una inmensa alquería con terrenos repletos de frutales, donde los más pequeños jugaban antaño al fútbol y en Navidad se instalaba la feria con sus luces, bocinas y olor a algodón dulce. La cesión de los terrenos al ayuntamiento permitió la construcción del parque que, cada tarde, reúne a decenas de personas, perfecto reflejo de la multiculturalismo del barrio.

Un extremo de las casas de la Previsora. JM López

Otra de los regalos que el visitante se lleva de su paseo por este enclave del ‘cap i casal’ es un recorrido por la memoria fabril del barrio, vinculado a Hierros Mateu, Macosa y a las numerosas empresas, talleres, locales y establecimientos que nacieron y crecieron bajo su calor. Fundada en 1947 aunque en su nacimiento Macosa fabricaba autobuses, trolebuses y otros productos para el transporte en carretera, poco a poco se especializó en el ferrocarril y a los pocos años ya era una de las principal productoras de locomotoras y material ferroviario de España. Y a su alrededor crecieron pequeñas fábricas ahora en desuso que todavía se pueden ver en las calles de Joaquin Navarro, San Ernest, Carrícola o Mosén Febrer.

Taberna Amparín, parada obligatoria

Y quien trabajaba tenía que comer y de los numerosos locales que brotaron en el barrio repletos de menús del día, platos de cuchara y vermuts caseros se conserva todavía uno que el paseante no puede dejar pasar por alto. De hecho, es imprescindible (si no casi obligatoria) una parada en uno de estos comedores que tanto alimento dieron, para el cuerpo y para el alma, a los trabajadores de Macosa y Hierros Mateo. Se trata de la Taberna Amparín, donde antaño daban desde un caldo a una aspirina -como suelen recordar sus actuales propietarios-, y que ahora continua atrayendo a los comensales con sus inmensas bravas, habas, morro, sepia y boquerones en vinagre, su vermut o un ‘chato’ de vino.

Y es que si una palabra califica a l’Hort de Senabre es mestizaje, mezcla y diversidad. La llegada de gente de todas las comunidades autónomas entre los años 70 y 90 provocó la gran expansión del barrio y la procedente otros países extranjeros ha convertido el antiguo huerto y ahora plaza Santiago Suárez en un mosaico de culturas e idiomas. Esta plaza, junto con el mercado de la Valvanera, las casas de la Previsora y las antiguas fábricas junto a la calle Sant Vicente ofrecen al visitante una ruta urbana de lo más interesante por el presente pero también el pasado de los barrios del sur de la ciudad de València.

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