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Del interior a la costa: Los pueblos más bonitos de la Comunitat Valenciana para una escapada en Semana Santa

Con la llegada de los primeros días largos de la primavera, muchos valencianos miran el calendario en busca de un destino que permita cambiar el asfalto por la piedra, el ruido por el silencio y las prisas por un paseo tranquilo

Los pueblos más bonitos de la Comunitat Valenciana para una escapada en Semana Santa.

Los pueblos más bonitos de la Comunitat Valenciana para una escapada en Semana Santa. / El Castell de Guadalest.

Lucía Camporro

Lucía Camporro

València

Con la llegada de la Semana Santa y los primeros días largos de la primavera, muchos valencianos miran el calendario en busca de una escapada que permita cambiar el asfalto por la piedra, el ruido por el silencio y las prisas por un paseo tranquilo. No hace falta irse lejos: la Comunitat Valenciana guarda pequeños municipios que parecen hechos a medida para desconectar durante unos días y volver con energía renovada.

Uno de esos destinos es Culla, en el interior de Castellón. Caminar por su casco antiguo es hacerlo por uno de los conjuntos históricos mejor conservados del Mediterráneo, un entramado de calles empedradas y edificios de piedra que mantienen intacta la esencia medieval. Arcos, antiguas murallas, restos de un castillo árabe y construcciones cargadas de historia convierten la visita en un viaje al pasado, ideal para quienes buscan calma y autenticidad.

Calles empedradas en Culla.

Calles empedradas en Culla. / Turisme Comunitat Valenciana.

En la provincia de Valencia, Chulilla se ha consolidado como uno de los grandes reclamos para los amantes de la naturaleza. Rodeado de montañas y barrancos, es un destino perfecto para combinar senderismo, escalada o paseos a caballo con momentos de descanso. Su castillo domina el paisaje y recuerda el carácter defensivo del municipio, mientras que en su entorno se esconden restos arqueológicos y pinturas rupestres que añaden valor histórico a la experiencia.

Puentes colgantes de Chulilla.

Puentes colgantes de Chulilla. / Turisme Comunitat Valenciana.

Más al sur, en Alicante, Guadalest es uno de esos pueblos que sorprenden incluso a quienes ya lo conocen. Encajado entre montañas, su silueta se recorta sobre el valle y ofrece unas vistas difíciles de olvidar. El castillo y el antiguo monasterio se alzan sobre la roca, y sus pequeños museos aportan un punto curioso a una visita que se disfruta sin prisas, callejeando y asomándose a cada mirador.

Para quienes prefieren perderse entre murallas, Morella es una apuesta segura. Este municipio del interior de Castellón impresiona desde lejos por su fortaleza y su recinto amurallado, pero conquista de verdad al recorrer sus calles. Tiendas tradicionales, productos artesanos y una gastronomía muy ligada al territorio acompañan un paseo en el que el castillo siempre aparece como telón de fondo.

Morella.

Morella. / Turisme Comunitat Valenciana.

También merece una parada Bocairent, a los pies de la sierra de Mariola. Sus calles empinadas y su trazado irregular conservan el carácter de un pueblo con siglos de historia. Museos, restos medievales y antiguas construcciones vinculadas al hielo y a los oficios tradicionales hacen de este municipio un destino cultural muy completo para una escapada de Semana Santa.

Por último, Peñíscola combina historia y naturaleza en un entorno privilegiado. Su castillo, ligado a la figura del Papa Luna, domina el casco antiguo y se asoma al Mediterráneo, mientras que muy cerca se extiende la Serra d’Irta, uno de los últimos tramos de costa virgen de la Comunitat Valenciana. Un lugar perfecto para alternar paseos junto al mar con rutas por la montaña.

Peñíscola.

Peñíscola. / Turisme Comunitat Valenciana.

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