La serie Isabel termina mañana su tercera temporada. La producción de Televisión Española (TVE) ha intentado acercar el reinado de los Reyes Católicos al público general aunque, con un trato histórico desigual para los personajes, según lamenta el profesor de Periodismo de la Universitat de València, Martí Domínguez. Los Borja, la familia valenciana de la que salieron dos Papas se refleja como corrupta, conspiradora y casi extranjera. Fernando de Aragón (rey de Valencia, entre otros reinos), por su parte, protagoniza un papel secundario y alejado de uno de los principales atributos, el de «catalanote», por su manera de hablar en la Corte y uno de los sambenitos que le puso Castilla cuando lo expulsó tras la muerte de su mujer.

Frente a estos personajes de dudosa moral y valía, aparece Isabel, «un modelo de mujer con las ideas claras» y con una liderazgo «fuerte e implacable», según la definió la asesora histórica de la serie Teresa Cunillera. Eso sí, una mujer justa, intuitiva y compasiva. Un ejemplo de reina. Actuaciones como la expulsión de los judios o la persecución de los moriscos pasan de puntillas por la serie y se presentan como «males menores», apunta Domínguez.

«La mitomanía me parece lícita, pero resulta sorprendente que Ferran quede como un rey mamporrero pese a que tuvo un peso muy importante», critica Domínguez, quien defiende que en Aragón «no se escuche ni una palabra en catalán». Cabe recordar que Fernando fue expulsado de Castilla al grito de «viejo catalote», por la lengua que usaba. Aragón y Castilla eran dos reinos igualmente fuertes pero en la serie uno queda desdibujado ante el otro, apunta el profesor.

Más censurada es la visión que se da de Rodrigo de Borja (posteriormente el Papa Alejandro VI) y su familia, a quienes se presenta en la serie como «corruptos, inmorales e incluso depravados», según las propias notas de prensa de la producción. Esta figura contrasta con la justa y equilibrada reina Isabel. Vence la visión de leyenda de los Borja a la historia real de los hechos, que ya denunció el intelectual valenciano Joan Francesc Mira en su obra Els Borja, familia i mite.

Mira asegura que ha habido una «destrucción de la memoria» de los Borja, los dos únicos papas españoles y de los primeros en no ser italianos, y se han olvidado gestas tan importantes como haber puesto las bases militares y políticas del nuevo poder papal, la solución de los problemas económicos de Roma y hasta la defensa de Belgrado ante los turcos. Un Papa que casó a cuatro de sus hijos con familias soberanas no puede resumirse en «una suma desigual de pactos demoníacos, envenenamientos, lujuria, violencia y pasión por el poder y la riqueza». Al menos, no como una excepción de lo que pasaba en las cortes de la época.

El símbolo de la tesis de Domínguez es el nombramiento de Fernando e Isabel como Reyes Católicos. Fue Alejandro VI quien dio el título de católico a Fernando. Isabel lo asumió por se su consorte.