El pasado sábado el programa de Telecinco «Viva la vida» nos ofreció una detallada descripción de las técnicas de descuartizamiento de un cadáver. Se discutía en el espacio sobre el caso de Marta Calvo, y los responsables del programa creyeron pertinente la participación de un forense presidente de alguna asociación de forenses, que detalló extremos del procedimiento, como el lugar en donde ha de ser llevado a cabo, el aparataje necesario y dónde conseguirlo, el volumen de sangre que se obtendrá vía hemorragia directa y vía desangrado de vísceras, y otras nociones básicas incluidas en el currículo formativo del buen descuartizador.

Al margen de las valoraciones que cada cual pueda hacer sobre la inclusión de estos edificantes contenidos en la programación de la tarde de un sábado -usando además la percha de un crimen de plena actualidad-, algún espectador quizá pudo extrañarse del frecuente uso de las palabras «sierra», lavadero» o «vísceras en un espacio titulado «Viva la vida». Pues se equivoca. La muerte es inseparable de la vida. Eros y Thánatos. El profesor vienés Sigmund Freud ya teorizó sobre la indivisibilidad de ambos principios, y el cantautor barcelonés Joan Manuel Serrat dejó dicho aquello de «la vida y la muerte bordada en la boca / tenía Merceditas la del guardarropa» al comienzo de una de sus canciones más bellas.

Es por eso por lo que me sentaré hoy a ver el programa de Emma García en Telecinco con la expectativa de encontrarme otro canto a la vida, esta vez en forma, por ejemplo, de plazos de putrefacción de los cadáveres, aprovechamientos industriales de restos humanos, modos de atenuar el rigor mortis de cara a la desmembración de los cuerpos, o pequeños truquitos del ama de casa para eliminar esos molestos olores que acostumbran a aparecer cuando practicamos descuartizamientos. Eso sí, espero que Emma vuelva a hacer como que se marea, demostrando que el sensacionalismo sádico no quita para ser una persona sensible y delicada que ama la vida.