Nunca dos almas tan distintas han encajado tan bien. Sin tener que sacar a la palestra vergonzantes detalles sexuales o hacerle una petición nada usual a Carlos Sobera esta cita ha florecido y Patricia y Francisco han dado rienda suelta a su pasión en el reservado de este restaurante del amor que se puede ver a diario en Cuatro.

Entre bocado y bocado se pusieron al día y Patricia se sorprendió con el estilo de vida de su cita, que es de ir al gimnasio a diario porque le gusta cuidarse. "Sus aficiones son gym, y yo soy de ñam. Como buena novia le espero y nos vamos al bar, nos tomamos unos quintitos y una tapitas y tan normal".

La complicidad entre ambos era más que evidente, los dos trabajan en el mismo sector y eso les hace conectar desde el primer minuto en la barra del restaurante. Les gusta la paella valenciana, uno es celador en València y la otra, auxiliar de Enfermería en Barcelona. Tres "coincidencias vitales", según el presentador de First Dates, Carlos Sobera.

Patricia le confiesa que busca una relación, y que quiere un brazo fuerte que le abrace para sentirse protegida. Comienza con el coqueteo para conquistar al 'Thor' valenciano. Sí, a 'Thor', el Dios del Trueno, como lo es su chiuahua, uno más de familia. "Quién esté conmigo tendrá que aceptarlo", avanza la catalana. Para Francisco no es problema, siempre ha tenido perros, por lo que "adoptaría" encantado a 'Thor'.

"Soy un oso", le cuenta Francisco a Patricia, que busca a una pareja cariñosa, y que sea buena persona. "Soy lo que ves", dice ella mientras él asiente con la mirada y le responde: "y yo". Lo dicho, almas gemelas.

Los piropos son una constante en la cita de patricia y Francisco, que parecen encantados de haberse encontrado. "Tienes unos ojos muy bonitos, del color del cielo" ó "Se me tiene que estar derritiendo el maquillaje, tengo una calor...", son algunos ejemplos.

La pareja lleva su cita a un nivel superior con unos besos. "Juegas bien tus cartas", le dice juguetona Patricia al elegir que ella le bese el cuello en el reservado. Y del cuello pasan a la comisura de los labios y... la pasión se desata con un buen morreo.