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Tú y yo somos tres

La crítica de Monegal: nadie sabe qué es España

Gabilondo no encontró respuesta (M+).

Se ha reunido Iñaki Gabilondo (M+, #0) con un ramillete de criaturas pensadoras, emergentes todas en su condición intelectual, y les ha preguntado qué es España. ¡Ahh! Es una interesante pregunta.

En 1920 don Ramón María del Valle-Inclán publicó en fascículos su obra de teatro ‘Luces de bohemia’, y en una de sus escenas un poeta ciego llamado Max Estrella define España como «la deformación grotesca de la civilización europea». Años después, el llamado Movimiento Nacional franquista, copiando un artículo fundacional de Falange Española, contratacó asegurando que España era «una unidad de destino en lo universal». Desde entonces la pregunta sigue vigente. No se ha encontrado respuesta todavía.

Gabilondo preguntó a Isabel Coixet, y la cineasta dijo: «España es una colcha de 'patchwork'», o sea, para ella España es edredón hecho de parches recosidos. Para el catedrático Juan José Álvarez Rubio España es indefinible, porque no se puede explicar lo que está invertebrado, es decir, vigencia absoluta de Ortega y Gasset y su ‘España invertebrada’ de 1921. Para la controvertida y siempre polémica Cayetana Álvarez de Toledo España es «una voluntad, empecinada, de vivir juntos los distintos», lo cual no es una definición, sino un deseo, una ilusión que no hay manera de que se cumpla. Sin ser una respuesta que defina a España, el apunte del filólogo y escritor Jordi Amat me ha parecido de una resaltable exactitud: «Toda la iconografía de la españolidad el franquismo la ha transformado en putrefacta». En efecto, tampoco responde a la pregunta ¿Qué es España?, pero explica, por ejemplo, el uso y abuso de la bandera cómo símbolo. El franquismo y posfranquismo la tiene tomada como suya, en exclusiva.

Lo interesante de este ejercicio de Iñaki Gabilondo es que después de mucho preguntar, no ha encontrado respuesta a su pregunta. Es un meditable resultado. Y observando, de pronto, una colina en la que todavía permanece plantado el toro de Osborne, Gabilondo nos decía: «Este es el único país del mundo cuyo nombre se menciona con dificultad. Algunos hacen fintas lingüísticas oblicuas y dicen ‘Este país’. Y otros gritan ‘¡España!’ y parece que lanzan una piedra». ¡Ah! Qué bien traído eso de decir España como si fuera una pedrada. Es así. Por eso debería prohibirse, por ley, usar el nombre del país para agredir.

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