Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

El glamour de los Bridgerton se come a los Kennedy

Las carismáticas parejas protagonistas de Los Bridgerton y Love Story:John F. Kennedy y Carolyn Bessette.

Las carismáticas parejas protagonistas de Los Bridgerton y Love Story:John F. Kennedy y Carolyn Bessette. / INFORMACIÓN

José Antonio Martínez Perallón

Conforme avanzaban los episodios de la cuarta temporada de 'Los Bridgerton' me descubrí a mí mismo completamente enganchado a la historia de amor entre Benedict (Luke Thompson) y Sophie (Yeron Ha). Sufría con sus dificultades, esperaba que lograran superar los obstáculos y, como en cualquier buen cuento romántico, quería que acabaran juntos. Nos han contado muchas veces el cuento de la Cenicienta, pero está tan bien hecho que no importa. Queremos más. Curiosamente, esa emoción no la he encontrado al ver 'Love Story', la serie de la factoría de Ryan Murphy que recrea la relación entre John F. Kennedy Jr. (Paul Anthony Kelly) y Carolyn Bessette-Kennedy (Sarah Pidgeon). Y eso resulta paradójico, porque si alguien podría competir con un cuento de hadas televisivo es precisamente una historia real protagonizada por la dinastía política más famosa de Estados Unidos.

Las dos series, estrenadas estas semanas en Netflix y Disney Plus respectivamente, parten, en el fondo, de una premisa muy parecida. En ambas asistimos al encuentro entre dos personas que pertenecen a mundos diferentes y que deben desafiar convenciones sociales para poder estar juntas. En 'Los Bridgerton', Benedict, el segundo en la línea de sucesión de la aristocrática familia, se enamora de una criada, Sophie. Cada temporada ha estado centrada en el noviazgo de uno de los hijos o hijas de este noble clan. Ahora le tocaba el turno a quien parecía el más libertino y juerguista de la familia, el que parecía más lejos de sentar la cabeza. Hasta ahora, la serie siempre había apostado por la inclusión: las diferencias raciales nunca habían sido un obstáculo para que el amor triunfara. Sin embargo, en esta temporada se enfrenta a un desafío distinto: la diferencia de clases sociales entre los protagonistas. Y, paradójicamente, ese parece ser un escollo más insalvable que cualquier barrera racial que la serie haya explorado antes.

En 'Love Story', el heredero de una familia convertida casi en realeza política encuentra el amor con una mujer procedente del universo de la moda, vinculada a Calvin Klein. Dos romances entre mundos distintos que, en teoría, deberían tener ingredientes similares para atrapar al espectador. Sin embargo, el resultado es muy diferente. 'Los Bridgerton' convierte ese romance en un auténtico cuento de hadas televisivo. El espectador se emociona, se implica y desea que la pareja supere todas las dificultades. 'Love Story', en cambio, adopta un tono sorprendentemente aséptico, casi documental. Los hechos se suceden con elegancia, pero con una frialdad que por momentos mantiene al espectador a cierta distancia. La banda sonora, recurriendo a temas icónicos de los noventa, ayuda a despertar el factor nostalgia, pero da la sensación de que es la dosis de azúcar necesaria para que el plato entre mejor y no se nos atragante.

También hay algo revelador en la manera en que ambas series reflejan el estilo de sus creadores. Durante años se ha dicho que Shonda Rhimes practica una especie de “pornografía de los sentimientos”. Sus series se han definido muchas veces como puro placer culpable, melodramas diseñados para enganchar al espectador a base de emociones intensas. Rhimes siempre ha defendido la calidad de su trabajo, pero lo cierto es que su sello es inconfundible: personajes que viven sus emociones sin pedir permiso y romances que se experimentan como si el mundo dependiera de ellos.

En el extremo contrario está Ryan Murphy, un creador al que tradicionalmente se le han reprochado justo los excesos opuestos: histrionismo, barroquismo visual y una tendencia a llevar sus historias hasta el límite. Series como 'American Horror Story' o 'American Crime Story' han construido precisamente su identidad sobre esa mezcla de provocación, espectáculo y exceso. Esta nueva serie se integra dentro de esa franquicia y está destinada a contarnos grandes romances en la cultura pop norteamericana. Por eso resulta tan llamativo el tono de 'Love Story'. Aunque la serie nace dentro del universo de antologías producido por Murphy, en realidad es una de sus obras menos “Murphy”. No ha dirigido ni escrito ninguno de sus episodios y el resultado es mucho más contenido de lo que su público podría esperar.

Incluso sorprende la ausencia de esa mirada revisionista que Murphy sí ha demostrado en otras ocasiones, como cuando 'American Crime Story' revisó el tratamiento mediático que recibió Monica Lewinsky, o cuando exploró cómo la homofobia institucional permitió que asesinos como Andrew Cunanan, responsable del asesinato del diseñador Gianni Versace, siguiera actuando durante años. Ese revisionismo continuó cuando el showrunner estaba en Netflix con la serie sobre Jeffrey Dahmer. Con varios episodios aún por emitir, falta saber si se guardarán alguna carta para el final.

En 'Love Story', en cambio, el relato observa el mito Kennedy con una elegancia casi reverencial. Recurrir a Naomi Watts para interpretar a Jacqueline Kennedy Onassis es un gran acierto de casting. La serie recuerda cómo fue bautizada en su momento como “la novia de América” tras el asesinato de John F. Kennedy. Desde entonces, todo lo que ocurre alrededor de la familia parece pertenecer al dominio público. La prensa sigue cada detalle de sus vidas con una intensidad que difícilmente soportaría cualquier otra familia.

Y ahí aparece un curioso paralelismo con 'Los Bridgerton'. En la serie de época, el gran poder lo ejerce la pluma de Lady Whistledown, una cronista anónima cuyas publicaciones pueden causar auténticos terremotos entre la alta sociedad británica. Durante las tres primeras temporadas, su identidad oculta le permitía moverse con libertad por los salones aristocráticos. Pero cuando su nombre sale a la luz, el poder de sus crónicas empieza a resquebrajarse: nadie quiere hablar delante de ella y algunos incluso intentan manipularla con rumores interesados.

Los protagonistas de 'Love Story' también se mueven en el mundo de la alta sociedad, en el glamour de Nueva York, codeándose con grandes estrellas del cine y de la música. Por cierto, imagino que la imagen que da la serie de Daryl Hannah como la exnovia tóxica de John Kennedy no será muy bien recibida entre los fans de la actriz. El contraste entre ambas series resulta tan interesante. En el universo de 'Los Bridgerton', el amor todavía puede vivirse como un cuento de hadas. En el de los Kennedy, el romance parece condenado a desarrollarse bajo el foco implacable de los medios. Puede que la realidad supere a la ficción en muchos aspectos. Pero cuando se trata de contar una historia de amor, a veces ocurre justo lo contrario. Porque los Bridgerton viven en un mundo inventado donde el romance todavía puede ser perfecto. Los Kennedy, en cambio, llevan décadas protagonizando un relato demasiado real como para permitirse finales de cuento.

Tracking Pixel Contents