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'Vladimir', la provocadora serie de Netflix con Rachel Weisz obsesionada por Leo Woodall

Netflix estrena el jueves, día 5, esta adaptación de la novela de Julia May Jonas sobre una profesora de mediana edad que se encapricha de un colega más joven

Rachel Weisz (M) y Leo Woodall (Vladimir) en una imagen de 'Vladimir'.

Rachel Weisz (M) y Leo Woodall (Vladimir) en una imagen de 'Vladimir'. / Netflix

Juan Manuel Freire

Barcelona

La esperada serie 'Vladimir' (Netflix, desde el jueves, día 5), creada por la escritora Julia May Jonas a partir de su propia primera novela, es una nueva inmersión satírica en el (sub)mundo académico después de series como 'La directora' y 'Tell me lies' o la reciente película de Luca Guadagnino 'After the hunt', títulos todos ellos que exploran con tonos diferentes los desafíos a que se enfrentan estas instituciones en mitad de un momento histórico de reconfiguración feminista y racial. 

Como en el filme de Guadagnino, un profesor universitario (John Slattery, ex 'Mad men') anda metido en problemas por acusaciones de agresión sexual. Es el marido de la verdadera protagonista de esta historia, conocida simplemente como M (Rachel Weisz), profesora de ficción contemporánea que está pasando por su propia crisis de la mediana edad (así es, en las mujeres también se da), como cuenta a los espectadores mirando a cámara, sin cuarta pared que valga. Nadie parece hacerle el caso de antes: ni unos alumnos que empiezan a ver sus enseñanzas como trasnochadas, ni una hija Sid (Ellen Robertson) de la que se ha distanciado, ni un marido con el que lleva años en un matrimonio abierto que él parece aprovechar mejor.

Loca por él

Nuestra (anti)heroína se siente rejuvenecer con la llegada de un profesor adjunto más joven, el Vladimir del título (Leo Woodall, protagonista de 'One day'), un tipo apuesto, amable e interesado en ella, pero por desgracia casado con una misteriosa escritora (Jessica Henwick) y padre de una hija adorable. M sueña despierta con tenerlo bien cerca y eso nos permite volver a ver a Woodall en los brazos de la mujer madura, como en 'Bridget Jones: loca por él'.

"La fantasía de la protagonista se basa en el poder del deseo", ha dicho Weisz, también productora de la serie, en un comunicado. "Ese sentimiento vigorizante, estimulante, inspirador y revitalizador que obtiene de su obsesión con Vlad. Todo lo que quiere es intentar vivir la vida como no la ha vivido desde hace un tiempo". Su historia está contada solo por ella misma, lo que puede resultar en grandes cargas de subjetividad, en ambigüedad sobre lo que es real y lo que es producto de su imaginación. 

A Weisz la conocemos, sobre todo, por papeles dramáticos intensos: complejo objeto de deseo en la reivindicable 'I want you', de Michael Winterbottom; feroz activista de derechos humanos en 'El jardinero fiel', de Fernando Meirelles, o mujer judía exiliada de su comunidad ortodoxa por su romance adolescente con una amiga en 'Disobedience', de Sebastián Lelio, por poner solo algunos ejemplos. Aquí, sin perder la intensidad, vuelve a apostar por la habilidad cómica que mostró en 'La favorita' como Lady Sarah Churchill, ácida duquesa de Marlborough. 

Referencias y directores atractivos

'Vladimir' se compone de ocho episodios, cada uno con el título robado a un libro diferente de alguna autora distinguida: obras de culto de Shirley Jackson, Kate Chopin, Grace Paley, Mary Gaitskill, Joan Didion, etcétera. Como las buenas dramedias que apenas ya se hacen, se compone de episodios de duración ajustada, alrededor de una media hora en la que caben muchos tonos y matices, aunque parece imponerse una comedia negra con gusto por la provocación, en la que se juega con cuestiones de políticas de género y cultura de la cancelación. 

Los directores reunidos para el proyecto ya han hecho series provocadoras. Tras revelarse hace un par de décadas con la película 'American splendor', el tándem formado por Shari Springer Berman y Robert Pulcini trabaja desde 2019 también en televisión y firmó episodios de 'Succession'; Francesca Gregorini trabajó en la subversiva 'Killing Eve', y Josephine Bornebusch se encargó de casi la mitad de 'Mi reno de peluche'. Grupo bastante salvaje para una serie que persigue cualquier cosa salvo la indiferencia. 

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