Celler del Roure: Vins fins de Moixent

Celler del Roure, la bodega que ha sabido combinar historia y modernidad, destacando las tinajas de barro como testigos vivos de las técnicas ancestrales de vinificación / ED
Vicente Morcillo
Maduresa fue el tinto con el que los vinos de la DO Valencia abrieron una nueva etapa hace casi un cuarto de siglo. Un vino que resumía la pureza de un territorio formado por el triángulo mágico de La Font de la Figuera, Moixent y Fontanars dels Alforins con el que el joven Pablo Calatayud reivindicaba el valor de unos viñedos que dibujaban un bucólico paisaje conocido entonces como la ‘toscana valenciana’ y rebautizado posteriormente como Terres dels Alforins, sello que años después se convertiría en un colectivo formado por todas las bodegas que desarrollan sus proyectos en esta zona del interior de la provincia de Valencia. La finura, elegancia y complejidad de Maduresa y su cuidada puesta en escena (con una etiqueta diseñada por el valenciano Dani Nebot) convirtió al primer tinto de Celler del Roure en todo un icono del vino valenciano.
A Pablo Calatayud se le conoce por sus vinos, pero también por su férrea defensa del territorio, del paisaje que dibujan valles, montes y cultivos en Terres dels Alforins. A través de Celler del Roure, Calatayud ha firmado algunos de los vinos que mejor definen una zona en la que el viñedo tiene su hábitat natural desde tiempos de los íberos. Un proyecto que ha ido evolucionando año tras año para volverse más puro, apostando por un trabajo silencioso en el viñedo (trabajando en la recuperación de variedades de uva típicas de la zona que habían perdido protagonismo por su escaso valor comercial) y recuperando técnicas de vinificación gracias a las viejas dependencias de la antigua bodega fonda, que esconde decenas de tinajas de barro soterradas, y antiguos espacios como los viejos ‘cups’ en los que comienza el proceso en muchos de sus vinos.

Pablo Calatayud en plena labor en la bodega fonda, un espacio subterráneo que alberga decenas de tinajas de barro soterradas recuperadas, donde nacen vinos que conectan con la esencia histórica de la región. / ED
Después de casi tres décadas de trabajo y dedicación, Celler del Roure ha configurado una interesante colección de vinos clasificados en cuatro grupos. Así, en el grupo de los vinos ‘clásicos’ figuran dos de las etiquetas más reconocidas de la bodega: los tintos Maduresa y Les Alcusses. El primero lleva más de dos décadas en el mercado y ha ido evolucionando con el paso de las añadas hasta convertirse en un bivarietal de Monastrell y Cariñena criado en barrica de roble. Por su parte, Les Alcusses es un tinto hecho con una base principal de Monastrell y pequeños porcentajes de otras castas de óptima adaptación al clima y terruño de la zona. Con una crianza que no supera los seis meses en barrica de roble, está considerado como el ‘hermano pequeño’ de Maduresa.
En la categoría de vinos ‘antiguos’, Pablo Calatayud ha integrado todas aquellas elaboraciones en las que se han recuperado viejas prácticas vitivinícolas, como el empleo de ‘cups’ donde se maceran los racimos o el uso de tinajas de barro para la crianza (Celler del Roure cuenta con una antigua ‘bodega fonda’ donde se han recuperado decenas de tinajas de barro soterradas que el equipo de Pablo ha ido rehabilitando estos últimos años para poder elaborar en ellos). En esta colección de vinos figuran el blanco plurivarietal Cullerot y los tintos Parotet, Vermell y Safrà, todos con el denominador común de estar elaborados a partir de uvas autóctonas de Terres dels Alforins como la Mandó. A diferencia de los vinos de la gama ‘clásicos’ en los que la paleta aromática se compone de notas frutales y matices propios del roble, en estos vinos impera el carácter frutal envuelto en una agradable sensación mineral.

Un rincón emblemático de Les Alcusses, donde la tradición vitivinícola y el legado íbero se entrelazan con un paisaje de viñedos en otoño, teñido de tonalidades rojas y doradas. / ED
Por su parte, ‘Les filles d’Amalia’ configura una línea de vinos que representa un homenaje a las mujeres que forman parte de la familia Calatayud y que se argumenta principalmente en la variedad de uva Mandó. La gama incluye en la actualidad dos referencias diferentes: por una parte el rosado Les Prunes, un vino hecho a partir de uvas de la variedad autóctona Mandó que se vinifican como si se fuese a elaborar un vino blanco. El resultado es un rosado de aspecto pálido y delicado, con intensos aromas de fruta roja (ciruelas y cerezas) y una sorprendente sensación de frescor en boca. Un ‘blanc de Mandó’, como lo define el propio Calatayud, que marca un nuevo estilo, mucho más cosmopolita, para los vinos rosados. Por otra parte ‘Les Danses’, también rosado y también de Mandó, pero en este caso elaborado bajo el método ancestral de vinos espumosos que contempla una única fermentación en botella.
La última colección de vinos que ha creado Celler del Roure es ‘Ferrero i Senis’, una gama de vinos con los que Calatayud homenajea a sus dos manos derechas en este apasionante proyecto vitivinícola. El primero de los vinos de esta gama es La Pebrella, un tinto con el que Pablo quiere explorar el Mediterráneo más sutil, fino y elegante apoyándose en dos de las variedades de uva que componen el antiguo mapa vitícola de la zona: Arcos y Forcallà. Se trata de un tinto que captura la esencia de dos parcelas especiales de suelos calcáreos criados bajo tierra en damajuana y tinaja de barro. Con apenas cuatro mil botellas de cada añada y con el diseño de la etiqueta de Dani Nebot (uno de los referentes del diseño valenciano e ilustrador de cabecera de los vinos de Celler del Roure), el nuevo tinto La Pebrella (una variedad silvestre del tomillo endémica del valle de Alforins) está llamado a convertirse en uno de los grandes vinos valencianos.

La Pebrella, Maduresa y Parotet / ED
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