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Chozas Carrascal: Vinos mediterráneos de altitud en un pago único

El buen hacer de Chozas Carrascal le ha llevado a conseguir la certificación de tres DO diferentes.

El buen hacer de Chozas Carrascal le ha llevado a conseguir la certificación de tres DO diferentes. / ED

Vicente Morcillo

La historia de Chozas Carrascal es la de dos generaciones familiares que han hecho de la viticultura y la enología algo más que una forma de vida. Es la historia de los López-Peidro, una familia con raíces en Requena que durante los últimos treinta y cinco años han moldeado una finca ubicada en un entorno extraordinario para el cultivo de la vid. Todo comenzó cuando Julián López y María José Peidro decidieron cristalizar un sueño que venían persiguiendo hacía años. La bodega se configura al más puro estilo de los châteaux franceses, con las parcelas de viñedos rodeando la bodega. Además de configurar una interesantísima colección de vinos y cavas, la familia López-Peidro ha construido un interesante proyecto alrededor del enoturismo que permite realizar una visita que repasa todos los aspectos que influyen en la elaboración del vino, desde el viñedo hasta su embotellado final.

Chozas Carrascal trabaja con once varietales (tres blancos y ocho tintos).

Chozas Carrascal trabaja con once varietales (tres blancos y ocho tintos). / ED

Lo primero fue adaptar los cultivos para que cada parcela reflejase el carácter de cada variedad de uva. En la actualidad trabajan con once varietales: tres blancos (Macabeo, Chardonnay y Sauvignon Blanc) y ocho tintos (Bobal, Garnacha Tinta, Cabernet Franc, Syrah, Cabernet Sauvignon, Merlot, Tempranillo y Monastrell). Tras estructurar las parcelas en las que se distribuye la finca llegó el momento de comenzar a perfilar sus primeros vinos. La primera colección que apareció en el mercado fue una trilogía que resumía todo el potencial del viñedo con un blanco (Las Tres), un rosado (Las Cuatro) y un tinto (Las Ocho), cuyos nombres se corresponden al número de variedades de uva empleadas en el coupage de cada uno. A estos tres vinos seguirían otras etiquetas que han marcado un antes y un después no solo para la bodega, sino también para la zona de Utiel-Requena. Así, el tinto Cabernet Familiar se consolidó entre los mejores de su categoría en toda España, a la vez que otras etiquetas como Las Dosces se convertían en la antesala de sus vinos más expresivos.

Mientra la familia trabajaba para consolidar sus vinos en el mercado, se fueron afianzando algunos de los pilares sobre los que se basa el proyecto. Así, en 2010 lograron la certificación de cultivo ecológico para todos los viñedos de la propiedad, y dos años más tarde obtenían el sello oficial de ‘Vino de Pago’, o lo que es lo mismo, la adjudicación oficial de su propia denominación de origen, el ‘Pago Chozas Carrascal’. Además, la bodega se inscribió en el censo de productores de la DO Cava, siendo la primera bodega valenciana en elaborar un espumoso al más puro estilo de los champagnes franceses, realizando todo el proceso en la propia finca.

Los visitantes podrán recorrer los viñedos de Chozas Carrascal y conocer todo el proceso de vinificación.

Los visitantes podrán recorrer los viñedos de Chozas Carrascal y conocer todo el proceso de vinificación. / ED

El concepto de bodega familiar ha quedado patente en esta última década, en la que se ha acelerado el relevo generacional, introduciendo en el día a día a los dos hijos de Julián y María José, de manera que Julián Jr. se ocupa de la parte técnica y María José de lo relacionado con la gestión, marketing y comercialización. Desde la incorporación de ambos la bodega ha ido creando nuevas referencias que cristalizan la sensibilidad y criterio a la hora de extraer de cada parcela toda la esencia del viñedo. La primera referencia de esta nueva etapa fue el Rosé Marine, un delicado vino rosado de Garnacha que ya avanzaba que algo estaba cambiando en la bodega. A continuación le siguieron la gama Anma, inicialmente formada por un blanco y un tinto, y el monovarietal de Bobal Materia, un vino extraordinario que nada más ver la luz ya obtuvo la máxima calificación que la Guía Peñín otorgaba a un vino valenciano con 95 puntos, puntuación refrendada un año después volviendo a situarse como el mejor tinto de la Comunitat Valenciana. Las últimas joyas de Chozas Carrascal son Mudare, un blanco de Macabeo elaborado al estilo de los vinos “brisados” con el que han logrado un original blanco de extraordinaria complejidad aromática; y el cava Eterno, un Brut Nature Gran Reserva elaborado exclusivamente con uvas de Chardonnay procedentes de la parcela La Dehesa con un mínimo de 48 meses de crianza en rima.

Hace apenas un mes la familia López-Peidro le ha dado un ‘hermanito’ a su cava más joven y frutal, Roxanne. Se trata de Roxanne Rosé, un Brut que se presenta como una propuesta desenfadada para disfrutar en cualquier ocasión. Se trata de un cava de guarda (con un mínimo de nueve meses de crianza en botella) elaborado con uvas de Garnacha cultivadas bajo pautas ecológicas en la misma finca. Su fina y persistente burbuja, su aspecto delicado de color rosa pálido, sus intensos aromas de frutas rojas como la frambuesa, sus sutiles notas de bollería y su fondo goloso avanzan un paso por boca denso y aterciopelado, con el carbónico muy bien integrado y una notable persistencia.

Materia, cava Eterno y Las Ocho de Chozas Carrascal.

Materia, cava Eterno y Las Ocho de Chozas Carrascal. / ED

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