Opinión | DIARIO DE UN MIRÓN
FERNANDO DELGADO
Bendita fregona
Me entero de que la fregona cumple 50 años porque el hijo de su inventor acude ahora a una feria catalana para presentar un nuevo cubo de fregar que evita cambiar el agua constantemente, lo cual no es mala noticia, pero hubiera querido saber de ese medio siglo de fregona porque a algunos colectivos se les hubiera ocurrido homenajearla. Se le llama en femenino, y con ese nombre popular que hasta que fue inventada sólo servía para nombrar a la «criada que sirve en la cocina y friega», o se usaba el término en sentido despectivo, pero que después de su invento ha quedado descrita en el diccionario también como «utensilio doméstico para fregar los suelos sin necesidad de arrodillarse». Recibió en su día el nombre de friegasuelos, más masculino, pero no creo que los hombres se dieran por aludidos con una denominación u otra, y a quienes recuerda uno en su infancia, arrodilladas en la ingrata tarea de dar lustre al suelo, es a las mujeres de su casa, criadas o no. Un hombre, fregando y de rodillas, no sólo constituía entonces una estampa insólita sino que corría el riesgo de que se pusiera en duda su virilidad. Así que a las que levantó la fregona de aquella humillación y las puso en pie de dignidad fue, sobre todo, a las mujeres. Los hombres hemos llegado a la tarea doméstica casi siempre en régimen de colaboración, ya con la fregona inventada y la lavadora y el friegaplatos en marcha. Seguramente su inventor tuvo poco que ver con la revolución de la mujer, pero en esta gran revolución del siglo veinte la fregona merece un puestecito mayor que un simple utensilio, como la nombra el diccionario, porque posee también una dimensión simbólica. No digo que valga tanto como una ideóloga del feminismo, pero no es una simple escoba. Y no levantó del suelo a las mujeres, simplemente, levantó a las más desdichadas. Hoy, afortunadamente, no es sólo un instrumento de trabajo para la mujer, que a todos los freganchines nos pertenece, pero basta recordar a la madre de uno arrodillada con esfuerzo para bendecir el invento como un instrumento tan eficaz como dignificador. Pocas riquezas habrá tan merecidas como la que haya conseguido con la fregona el viejo Emilio Bellvis. Además, la mayor utilidad social de cualquier avance es su aportación a la felicidad de la gente y cuanto más asequible sea un invento para todos, y éste que combina modestia y grandeza es un barato artefacto, mayor su oportunidad de cumplir esa función.
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