02 de junio de 2010
02.06.2010

Dionisios

02.06.2010 | 07:30

Emili Piera

Desde el farallón de roca donde se asienta la iglesia renacentista de Villalba dels Arcs es posible abarcar toda la línea de frente de una de las muchas batallas del Ebro. El pueblo tiene su judería y hasta un templo de seis siglos antes de Cristo donde se ofrecía el mosto en oblación. A eso venimos: a celebrar el culto a Dionisios con nuestro amigo Laureano Serres como un fauno de risas dentadas y energía feroz. Necesito volver de vez en cuanto a la Terra Alta, a ese lugar sin tiempo donde ahora las cerezas muestran un apasionado rubor y esa acidez que nace de las margas, las paredes de caliza y el descarnado añil de sus serranías. Laureano, que es bodeguero, se llama Montagud de segundo apellido, lo que convierte su nombre y títulos de linaje en un concentrado abrupto de picachos y frondas. Hemos quedado con la facción descamisada y libertaria del negocio del vino. No sé cuánto tiempo durará esta fraternidad de los Vinos Naturales (sin filtrar, sin sulfatar), pero de momento su convicción deslumbra más poderosamente que ese ruido de oleaje que producen los grandes aerogeneradores que en La Fatarella hilan el azúcar de las nubes y baten la pulpa del cielo. Vienen de Murcia, de Andalucía y de Catalunya: la estricta geografía ibérica (falta Valencia). Y su espíritu. Un día después me los encuentro detrás de la Plaça dels Carros de Tarragona presidiendo una descomunal juerga portuaria: parecen, en medio del despelote, diáconos de un culto muy antiguo, escanciando de pie tras los tenderetes de tablones y caballetes, en plena calle. Alguno duerme la mona, pero no hay suciedad, ni vómitos, ni cristales rotos.
La Terra Alta es el resultado de exponer catalanes a la locura del cierzo que baja rebufando por los abismos del Ebro. O sea, que son bastante valencianos. A estos vinateros les duele desprenderse de sus cosechas, son abejas reina de puesta permanente. Ahora, Laureano, para dar de comer a su familia, sólo dedica un día de la semana al Apolo de la informática, mientras la raíz de sus viñas se agiganta y propaga más y más hondo.

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