04 de junio de 2010
04.06.2010

Vamos allá

04.06.2010 | 07:30

Antonio Rico

En la clase de hoy vamos a ver un nuevo caso práctico de la lección que más gusta a todo el mundo: cómo hacer lo que te apetece cuando tienes que hacer lo que debes. Por ejemplo, aquí debemos hablar de la actualidad televisiva, estrenos y esas servidumbres del día a día. Pero lo que apetece es hablar de Futurama, la serie de animación futurista que nos mantiene enganchados a las series de animación futurista. Pues venga. Anteayer pasaron algunas cosas en la tele: estreno de Hotel, dulce hotel en laSexta, la vuelta de After hours a Cuatro, y la muerte del abuelo que protagonizó el anuncio aquél de «¿El Madrid qué?, ¿otra vez campeón de Europa?», que no sé porqué pero salió en todos los telediarios. Ya sé qué debería hacer: hablar de alguno de estos asuntos. Como quiero sustituirlo por Futurama sin que me pillen, debo buscar un puente que permita pasar de un asunto a otro. A ver: el abuelo del anuncio estaba tan despistado como Fry en Nueva Nueva York. No vale, está demasiado traído por los pelos y se va a notar. En Hotel, dulce hotel vimos lugares y personajes tan raros como los mutantes que viven bajo tierra con los padres de Leela. Tampoco vale: traído por lo pelos. Cada vez que veo a Rafa Méndez hacerse el interesante en After hours me suben unos escalofríos por la espalda como los que sufre el extraterrestre Kif cada vez que su jefe, el capitán Brannigan, se hace el interesante. Traído por los pelos, pero vale porque permite darle caña al tío más presuntuoso, superficial y narcisista de la tele actual. Le echo varios vistazos a lo largo de la noche a After hours y confirmo que lo que veo es escalofriante. Si Kif tuviera de jefe al tío este su débil autoestima sería aún más baja. Puede valer. Me dispongo a escribir encantado de poder hacer lo que quiero en vez de lo que debo. Sólo falta buscar la manera de contar que el regreso de Futurama es inminente.

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