19 de junio de 2010
19.06.2010

La odiosa realidad

19.06.2010 | 07:30

Rafael Torres

El español es un pueblo imaginativo: prefiere la fabulación a la realidad. Bien es cierto que la realidad le ha sido casi siempre adversa, y que cuando se ha propuesto modificarla, mejorarla, alguien se ha encargado de tornársela, brutalmente, más adversa todavía, pero no lo es menos que la fantasía también tiene, como todo lo humano, un límite. Si lo único chungo que pasara en esa realidad que no quiere verse ni en pintura fuera la derrota de la Armada Invencible de Vicente del Bosque en Sudáfrica, bien que a causa de los elementos (el árbitro, la mala suerte...), bueno, se podría seguir fantaseando un poco, pero es que ese drama nacional del balompié se suma a la pesadilla de los millones de parados, a esa otra de Zapatero miserabilizando otro poco el «mercado laboral» (ya tiene delito llamar así al mundo del trabajo) mientras Rajoy se adscribe a la causa del proletariado, o a esa otra pesadilla del invierno en junio que, cuando se acabe, dará paso a una espantosa ola de calor. La capacidad de fabular para evadirse uno no puede con tanto marrón, máxime cuando el grueso de ella la agotamos inventándonos que la selección española era la mejor del mundo y, en consecuencia, la favorita para ganar el Mundial.
Dejando a un lado la circunstancia de que nuestra escuadra no tiene un Messi, ni un Higuaín, ni un Forlán, ni un Ronaldo, que aunque trabajen en España no son de aquí exactamente, sí convendría reparar en el hecho de que si ganamos la Copa de Europa fue por humildad, esto es, por no ser favoritos de nadie ni suscitar, por ello, una alarma especial en nuestros adversarios. Si en vez de inventarnos todo hubiéramos echado un vistazo a la realidad, habríamos descubierto que, de entonces acá, nuestro juego había permanecido invariable, esto es, que por rutinario se había hecho previsible y, por lo tanto, sencillísimo de desactivar. Podíamos haber ideado, con humildad como cuando fuimos a Austria, algo innovador, sorprendente, pero, para qué, si ya teníamos ganado el Mundial. Qué odiosa es, o fabricamos, la realidad.

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