22 de junio de 2010
22.06.2010
40 Años
40 Años

Trabajo y vino

22.06.2010 | 02:19

Emili Piera

Vamos mejorando: primero, negamos el problema y después nos dedicamos a lamentarlo y a echarnos las culpas. Ahora, ya somos capaces de alguna autocrítica. Sólo falta ponerse a trabajar. Los valencianos no tenemos ninguna universidad entre las veinte mejores del país, puede que ahí esté el problema (ahí y en el hecho de que Lluís Vives tuviera que dar clases fuera de España) y no en la dudosa defensa del bou embolat, el parany, los chiringuitos fuera de planificación y otras prácticas ancestrales. Hablando de antecesores, Alfonso Rus ha salido de rositas de su última cita judicial, pero todo el mundo sabe que la sanción absolutoria incluye llamada de atención por parlero y faltón. Las víctimas del metro —el 3 de julio, cuarto aniversario— han pasado de clandestinas a multipremiadas, la última vez en Carlet, ante un público de cuatribarrada y muixaranga, sí, parte importante de la sociedad civil nuestra, si no es molestia. A mí me tocó hacer la laudatio de la Asociación de víctimas, cosa fácil pues son amigos, aunque la velada tuviera ese sabor de retorno a los orígenes. Presidía la sala de banquetes una senyera capaz de envolver perfectamente a nuestro amado líder, su familia, mobiliario y servidumbre, como a un faraón difunto. Para acabarlo de arreglar salió un conjunto de tres músicos muy apañados, se lo cuento porque no los verán en Canal 9 —Batà—, y la chica del grupo, Rebeca Santjoan, cantó en pulcro y perfumado portugués el Fado toninho. Yo soy hijo de la revolução dos cravos vermelhos, quien no es hijo de alguien, pues es un hijo de puta.
No se puede construir nada desde un delirio de pureza, pero hace falta barrer antes de colocar la alfombra o como dice la lúcida fiscal jefe Teresa Gisbert, «si se asumieran las responsabilidades políticas quedaría mucho más limpio el campo para exigir responsabilidades penales, si hay que hacerlo». O sea que el que vale, aclara, despeja, proyecta y hace y el que no, pues enmaraña más que el conseller Rafa Blasco, se vuelve quejica y pide agua para todos en vez de vino para él.

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