04 de octubre de 2010
04.10.2010

Colombo en el monasterio

Antonio Rico

04.10.2010 | 07:30

Le habría gustado al teniente Colombo la mermelada que fabrican las monjas del Monasterio de Santa Paula? Seguro que sí. Tanto los capítulos que protagonizó el detective de homicidios del Departamento de Polícia de Los Ángeles como la confitura de fresas, higos o limón que realizan las monjas jerónimas sevillanas se caracterizan por prescindir de todo lo accesorio y concentrar la mayor calidad de sus elementos básicos en el menor espacio posible. Es cierto que Colombo se pasa todo el día fuera de casa recorriendo las residencias de la Alta California mientras que las monjas no salen de su clausura y sólo se relacionan con el comprador a través de su página web en internet o de un viejísimo torno de madera. Pero su lógica de funcionamiento es la misma. ¿Cuáles son los ingredientes de la mermelada del Monasterio de Santa Paula? Fruta, agua y azúcar. Y nada más. ¿Cuáles son los ingredientes de Colombo? Guiones impecables en los que el detective resuelve de forma muy inteligente crímenes aparentemente perfectos. Quiero decir que en Colombo, —que vuelve hoy diariamente a las pantallas de media tarde en Nitro, la nueva cadena tedetera—, no hay imágenes truculentas, tramas horizontales en donde se ve la evolución psíquica del personaje, canciones perfectas en la secuencia final, oficinas de diseño, secundarios que mantienen relaciones complejamente atormentadas con el protagonista, terribles secretos en el pasado del detective, igual que en la mermelada jerónima no hay ciclamato, aspartame, aditivos gelificantes, acidulantes o colorantes. Fruta de la mejor calidad. Un asesino inteligente que comete un asesinato con un móvil verosímil frente a un detective más inteligente. La pureza de un género que con frecuencia oculta sus carencias bajo trucos efectistas. El mejor sabor que probaremos este otoño.

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