07 de octubre de 2010
07.10.2010

Salidas al futuro

07.10.2010 | 07:30

Emili Piera

Siempre hay salidas. Como las discotecas de Valencia controlan ahora más la edad de las pequeñuelas, existe un floreciente tráfico de carnés falsificados. Tomemos a México como ejemplo: si el país es incapaz de ofrecer a sus hijos un futuro, los peladitos se lo buscarán en Texas, incluso en Arizona, pese al sheriff Joe Arpaio. O se harán narcos: se gana más y la vida no es, necesariamente, más insegura y, además, te prestan una identidad y una estética (un poco hortera, cierto, pero no más que «Ric» Costa). El problema del narcotráfico es el empeño en dedicar fuerzas policiales y militares a reprimir vicios (y pagando menos que los narcos), virtuoso combate tradicionalmente reservado a los curas y, créanme, era una división del trabajo más inteligente.
La crisis enseña (para el que quiere aprender), pero la vida no se resigna: es lo único que no hace. Circula por internet una larga carta de reproche de una oyente funcionaria al radiofonista Carlos Herrera que se quejaba porque el Gobierno quiere aumentar la presión fiscal a los profesionales con altos salarios. Cada cual sangra por su herida y una de las razones del triunfo del tarambana de Bush Niño fue la tibieza, cuando no la complacencia, de la llamada prensa liberal con el tejano que, no casualmente, había prometido jugosas rebajas fiscales. Como quienes no pagan ni un céntimo son los grandes inversores (como los obispos y los nobles en la Edad Media), por temor a que levanten el vuelo, puede que nuestro futuro esté atrás, a la altura del tafanario.
Mientras, los submarinos nucleares británicos y franceses han decidido ahorrar con patrullas alternas para defender el mundo libre los lunes, miércoles y viernes, los unos, y los martes, jueves y sábados, los otros. Los domingos se los dedicarán a Yavé, como no podía ser de otro modo, por si decide ocuparse personalmente de nosotros como hizo con Sodoma y Gomorra. Por cierto, que en Francia hace furor el sexo adúltero por internet, eso dicen, aunque uno de cada diez franceses, los francos propiamente dichos, admite que no es infiel por falta de oportunidades.

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