18 de octubre de 2010
18.10.2010

Ganar espacios

Juan José Millás

18.10.2010 | 07:30

Nos estamos retirando del papel, sí o no? En caso afirmativo, ¿se trata de una retirada digna o deshonrosa? Que nos estamos retirando, es evidente. Por ejemplo, ya no se publica ninguna enciclopedia en papel, ni siquiera las grandes, las emblemáticas, las que llenaban una pared de la casa como anunciando a las visitas que allí había un deseo de conocimiento y de conocimiento enciclopédico. Cada vez que el padre de familia, para satisfacer una curiosidad propia, o la de un hijo, tomaba uno de aquellos volúmenes y lo abría por el artículo correspondiente, se producía un silencio casi religioso. La cultura merecía un respeto, tú, y uno de los templos de la cultura era la enciclopedia. Pues ya no se publican. Ya son una antigüedad. Si usted desea adquirir una, tendrá que acudir al mercado de segunda mano o a las librerías de viejo. Y quien habla de las enciclopedias, habla, en general, de los llamados «libros de referencia». Ha habido una transferencia del papel a la pantalla. Las enciclopedias y los tratados se encuentran sólo en la red, donde han devenido en artefactos borgianos, pues se actualizan casi en tiempo real. Quiere decirse que igual estás leyendo la biografía de un escritor vivo, cuando aparece en pantalla que acaba de morir. Murió mientras tú leías su vida, qué contradicción aparente, ¿no?
Nos estamos retirando, en fin, del papel y a más velocidad de la que somos conscientes. Algunos periódicos han suspendido la publicación de suplementos de gran prestigio que ya sólo se pueden consultar en formato digital. En algunas redacciones se discute también si ofrecer los clásicos cuadernos de cultura sólo en la versión on line del periódico. La retirada se está produciendo, pues, a través de los productos de mayor consideración intelectual. «Se van los mejores», como decimos cuando se muere alguien. O «ha pasado a mejor vida». En el caso de los suplementos, quizá sea verdad que han pasado a mejor vida. Internet no es un mal sitio para vivir, caducas menos, de hecho, que en papel. La cuestión es que nos retiremos del papel con dignidad, ya digo, pero también con cierto orden. No como si hubiéramos perdido un espacio, sino como si hubiéramos conquistado otro.

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