26 de octubre de 2010
26.10.2010

La bibilioteca sigue viva

26.10.2010 | 07:30

José Martínez Tormo

El domingo pasado, un mensaje de un colega profesional en el twitter me recordaba la celebración del Día Internacional de la Biblioteca. Una cita que, desde 1997, se celebra en España cada 24 de octubre por iniciativa de la Asociación de Amigos del Libro Infantil y Juvenil, y que supone una excelente ocasión para reflexionar acerca del papel que estas instalaciones culturales cumplen en la actualidad. Es curioso cómo la biblioteca pública es el único servicio cultural recogido en la legislación sobre régimen local (que obliga a los municipios mayores de 5.000 habitantes a ofrecer un servicio de biblioteca pública) y cómo en algunos casos es el que más se descuida por parte de las corporaciones locales.
La biblioteca es, probablemente, la instalación cultural por la que pasa prácticamente toda la población al menos una vez en su vida; de hecho, está permanentemente presente a lo largo de todo el ciclo vital. Los niños empiezan a leer y comienzan a usar la biblioteca escolar (ya sea de centro o de aula) para nutrirse de las lecturas obligatorias y voluntarias acorde a su nivel de escolaridad. Conforme vayan avanzando en cursos, y en el instituto, los estudiantes descubren el uso de la biblioteca como sala de estudio donde preparar sus exámenes. Durante la etapa universitaria y profesional, la biblioteca mantiene la función de sala de estudio, pero también la de depósito de los principales libros y obras de referencia para la preparación de exámenes, trabajos y proyectos de investigación. Pero, aparte de estas bibliotecas especializadas, aparece la biblioteca pública como un espacio en el que tienen cabida todos los grupos de edad y las diferentes generaciones que las componen: los niños se inician en la manipulación de libros y redescubren la lectura iniciada en el centro escolar; los estudiantes ocupan sus sillas para estudio y trabajo, los adultos consultan y cogen en préstamo libros de lectura, y los mayores consultan los diarios y las revistas en un ejercicio, en ocasiones, más socializador que puramente literario.
Además de esta función principal, los profesionales al frente de estos espacios culturales han sabido desarrollar actividades culturales en torno al papel del libro y la lectura; ya son muchos los centros en los que se realizan cuentacuentos, clubes de lectura, conferencias, talleres y exposiciones dirigidos tanto a los adultos como al público infantil y escolar, muchas veces en colaboración con los propios centros de formación y asociaciones locales. Y, desde hace un tiempo, las mismas bibliotecas están convirtiéndose, muy inteligentemente, en centros difusores de información en diferentes formatos y en centros de documentación ciudadana; hoy en día es posible que en la biblioteca pública, y con la ayuda de los excelentes profesionales bibliotecarios actuales, obtengamos información sobre todo aquello que necesitemos saber, tanto de libros como de actividad cultural en el municipio y alrededores, e incluso más allá de esos límites territoriales. Hoy más que nunca hemos de defender la biblioteca pública en todas sus vertientes: como espacio educativo, de difusión cultural y también como espacio de socialización y de intercambio intergeneracional. Y es que, sin duda, la biblioteca sigue viva.

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