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El derecho de reunión

El lanzamiento de polvos irritantes, los empujones y los gritos con los que el abogado Juan García Sentandreu y unas decenas de partidarios recibieron ayer en Valencia al expresidente del FC Barcelona y líder del nuevo partido Solidaritat per la Independència resultan una actuación completamente censurable e indigna en una sociedad democrática. Las libertades de reunión y de expresión son derechos consagrados en la Constitución, ese texto que Sentandreu debió jurar cuando accedió a la profesión de letrado. Sabe, por tanto, que no son éstas las formas con que debe expresarse la discrepancia, ni mucho menos las que un abogado como él debe emplear para abrirse paso en la política. El expresidente del Barça y sus conmilitones son muy libres de alquilar un local en Valencia o en cualquier otro punto de España y celebrar una reunión porque su partido, Solidaritat, es tan legal como Coalició Valenciana, formación fundada y presidida por Sentandreu. Éste, en busca ayer de su momento de gloria, de un protagonismo que previsiblemente las urnas le negarán, contribuyó con su intento de boicot a que el acto político de Laporta alcanzara una notoriedad de ámbito nacional que por sí solo no habría conseguido.

Actuaciones como la del político regionalista alimentan una tensión indeseable y proyectan una imagen de enfrentamiento que debía haber quedado desterrada hace años, mereciendo una censura sin paliativos.

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