Opinión
Grecia somos todos
Con Grecia al borde de la quiebra y la dificultad creciente de la reestructuración de su deuda, no sólo el euro sufre una seria amenaza, sino que tras este país mediterráneo, que gobierna el socialismo con Papandreu, irían Irlanda y Portugal a la bancarrota si los otros, y sobre todo Alemania, Francia e Inglaterra, no unen sus esfuerzos para el segundo paquete del rescate. Ya ven las resistencias de los técnicos liberales en el Gobierno alemán, y las opiniones euroescépticas del ministro de Exteriores británico, que se atreve a decir que «el euro no funciona». Lo ha dicho siempre, desde que se lanzó. Cada loco con su tema, tiene más razón Trichet al comentar que se ha mantenido la inflación en 1,5%, la mejor en 50 años.
No digamos qué ocurriría con la deuda soberana de España e Italia a continuación y cómo se las compondrían los otros socios para poner manos al rescate de media Europa, que ha ido retrasándose, entre particularismos e intereses (siempre hay que contar con ellos). Y que ahora afecta más a Francia porque sus bancos son poseedores de la mayor parte de la deuda griega. Y se ha complicado por los malos datos del empleo en EE UU y de las cifras del crecimiento más bajo o ralentizado en la zona euro. Con los cuales, las bolsas han ido bajando y bajando y las empresas, por ejemplo en España, y en especial los bancos, valen literalmente un 10% (ha bajado 200 sobre el índice de 2000). El mayor bajón desde la crisis de las hipotecas basura en América.
Pero si no se acude a salvar a Grecia, rápido y bien, si la alarma no obliga a reparar la vía de agua, como ha apuntado algún analista, nos encontraremos con el Titanic escorado sin remedio. Y nos interesa a todos, y a la clase media la que más, porque vería sus ahorros comprometidos en los bancos y los corralitos prontos a cercarla. Y con los obreros abocados más al mercado del empleo precario cuando no el paro de larga duración sin subsidio ninguno. Al paso que vamos, lo de la educación, la sanidad y el paro puede ser un terreno pantanoso. No digamos el futuro de las pensiones con estos frágiles pilares.
Por ello, no solo los grupos que he dicho —clase media, trabajadores—, sino jóvenes indignados debieran empezar a reunirse, debatir y manifestarse y pedir «salvad a Grecia». Porque si no la salvan, vamos todos al precipicio. Somos todos griegos y hemos de resistir en las Termópilas o los persas nos arrasarán. Si se abre una brecha pasarán persas, medos y asirios y no sólo Europa será invadida, ocupada y aniquilada. Ni los modos ni los sistemas políticos resistirán. Las democracias quedarán en entredicho. El marco de la Comunidad Europea saltará en pedazos. Y la recesión durará más de diez años y no se podrán reparar los daños. O reaccionamos a tiempo y actúan los gobiernos, o nos vamos al garete. Lo veremos en poco tiempo. Lo del terremoto no es nada en comparación.
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