La organización católica Cáritas Diocesana recibió en 2011 un 77% más en donativos de personas y entidades, y también ha visto incrementada la participación de voluntarios en los trabajos de asistencia que presta, ahora que los desfavorecidos son legión. En Valencia, también la Casa de la Caridad ha visto cómo aumentan las ayudas, aunque nunca es suficiente, como siempre subraya su presidente, Antonio Casanova. Personas que nunca pensaron que estarían en la cola esperan durante mucho tiempo su turno para comer o recoger alimentos que llevar a casas en las que no hay ningún ingreso por culpa de la crisis económica y el paro desgarrador. Y en medio de esta acumulación de tragedias personales hay quien se entretiene en desprestigiar el trabajo de los voluntarios y el concepto mismo de la atención que prestan condenando la beneficencia e invocando las obligaciones del Estado y los servicios públicos. El gran Eugenio decía: «Sí, pero... ¿hay alguien más?»