Margarita Lacruz Lerín ha vencido a la Generalitat para serles reconocidas las prestaciones sociales de la Ley de Dependencia. Lástima que sea cuatro años después de morir, gracias a tenacidad de su hija Margarita Palomar Lacruz. Esta noticia del Levante-EMV me retrotrae muchos años atrás. Margarita Lacruz fue una de aquellas entrañables «tías-marías» de la convulsa transición valenciana. Si la más famosa fue Paquita «reventaplenaris», Margarita no se quedaba atrás a la hora de participar en follones. Junto con ella, muchas otras mujeres anónimas como Amparo «la Republicana», Elvira Bayarri, Manolita Cano, Sole y sus hijas, Fina Rueda y un largo etcétera difícil de completar.

Cuando conocí a Margarita debía haber fallecido algún familiar próximo porque siempre iba vestida de luto. Ella se vanagloriaba de que al enfrentarse a los «pancatalanistas» siempre la llamaban «la de negro». Presumía de pegar los mejores bolsazos de todo el valencianismo, y atribuía su secreto a que antes de salir de casa metía una plancha de acero en su bolso. Armas ingenuas para un tiempo ingenuo, porque realmente nunca nos enseñó esa plancha tan peligrosa.

Margarita venía casi siempre acompañada por su marido Juan, socarrón e irónico, y detrás llevaba a sus dos chiquillos, Marga y Juanito. Cuando el Grup d´Acció Valencianista estaba en su momento más dinámico Margarita se prestó a llevar adelante la barra del bar en la calle Pintor Gisbert, vendiendo tortilla de patatas casera y sonriendo con unos dientes exageradamente simpáticos. Nunca mostró mal genio, excepto cuando había de enfrentarse al «enemigo» catalán. Al final del camino se descubrió que los que nos señalaban tan ostentosamente a los enemigos de Valencia fueron los que acabaron arruinando Valencia. Menudas paradojas tiene el Destino.

Pasó el tiempo. Cuando ya no interesó políticamente la guerra valencianista, todo se ahogó. Estas almas cándidas que tanto entregaron desinteresadamente «en defensa de la Personalitat Valenciana» se retiraron a los cuarteles de invierno. En el caso de Margarita parece que pagó con estragos en su salud todos los excesos que cometió cuando era guerrillera de la Senyera.

Recuerdo particularmente una anécdota que fue protagonizada por el valiente Manolo Ramón y el hoy académico Artur Ahuir. Un detergente famoso había lanzado una campaña publicitaria que incitaba a la imitación: «La señora María usa Ariel, ¡haz como ella!» Estos dos chavales nos sorprendieron en la plaza del Doctor Landete, en una de aquellas convocatorias de la Coordinadora de entidades culturales del Reino de Valencia, colocando una gran pintada que decía: «La senyora Margarita va a la manifestació ¡fes com fa ella!».

Margarita Lacruz se alegró muchísimo de este reconocimiento juvenil a su lucha, igual que ahora se habrá alegrado de la victoria de su hija. Se nota que Margarita vivió muchos años en la avenida del Cid, antes de regresar a su centro histórico del Mercat Central que tanto amaba, pues ha tenido su principal victoria después de morir, tal y como le pasó al Cid Campeador.