La semana pasada el Ayuntamiento de Palma de Mallorca hizo público su plan para contener el gasto en las zonas públicas de la ciudad. Según los datos hechos públicos, el Ayuntamiento ha dado hasta la fecha a las zonas de césped un trato similar a los campos de golf, con 38 siegas anuales. Además se han gastado 229.000 metros cúbicos al año de consumo de agua para su mantenimiento y más de 14 metros cúbicos de combustible en su siega.

Por tanto, las preguntas son obligadas ¿tiene sentido que las zonas verdes de la isla tengan césped en un clima mediterráneo? ¿Es posible que oficialmente se gaste semejante cantidad de agua para mantener estos espacios? Según se ha dado a conocer, el hecho de segar el césped cuando llega a los 10 cm en lugar de los 6 cm, tal como se hacía hasta el momento, supondrá un ahorro de 573.075 euros anuales al Consistorio. Lo cierto es que la solución no pasa por actuaciones intermedias, sino por eliminar la totalidad de las zonas de césped de las zonas públicas de la isla. Mallorca debe su agua, en gran parte, a la acción de las desalinizadoras y al agua subterránea. Hecho que ahonda en la necesidad de tener un cuidado especial en el uso final que toda la sociedad haga de esta agua.