Hizo bien Rajoy al no concederle a Artur Mas, presidente de la Generalitat de Catalu­nya, de entrada lo que pedía. El pacto fiscal que andaba buscando significaría unos 18.000 millones de euros más para Cataluña, cuando hace poco aceptaba sólo 5.000 millones para compensar los problemas de solvencia en los mercados que tiene esta autonomía, sobre todo, la deuda emitida el pasado año y que vence ahora sin bancos que la renueven.

De haber cedido, inmediatamente se habría planteado un múltiple problema con otros gobiernos autonómicos, y muy especialmente con el de la Comunitat Valenciana, donde en la última reforma del Estatut se introdujo la llamada cláusula Camps, que permite exigir el mismo techo que cualquier otra autonomía española, que levante el listón. Y Fabra habría quedado en mal lugar „o no tan reivindicativo en sus ambiciones„ si no hubiera exigido un trato igual, las mismas competencias que así hubiera obtenido Cataluña de manos del PP.

Los catalanes aducen para esta reivindicación el llamado concierto de Navarra, que Franco se avino a mantener, porque eran socios y vencedores de la Guerra Civil. Es algo que nos remite a los conflictos del siglo XIX y que muchos consideran injusto, y que coloca a los otros pueblos de España en situación de desigualdad. Son muchos los que creen que la Constitución no debería permitir tratos desiguales.

Pero en la crisis de la fiscalidad actual, y dado que cada cinco años hay que renegociarla con cada autonomía, no es extraño que Mas pida más, aunque esté dando menos, como le ha recordado el arzobispo de Barcelona en la homilía de la fiesta de la Merced. El pasado lunes apuntaba que quieren ir por una fórmula similar a la de Puerto Rico, Estado Libre Asociado con Estados Unidos. Me temo que el Consell se hubiera visto en aprietos para ser coherente con la dichosa cláusula Camps y pedir al Estado español el mismo trato (de momento no sabemos si esta fórmula le parece peregrina al Gobierno de España, y por qué le gusta a los de CiU, cuando surge de una ocupación, denunciada en diversas ocasiones internacionalmente).

La propuesta soberanista de ayer supone un calendario avalado por el Parlament de Catalunya que suba la apuesta, siempre mirando a la Constitución y la democracia, para ir a unas elecciones adelantadas envueltos en una nueva bandera que permita unir fuerzas, subir votos. No es que esto vaya a resolverse fácil y que las elecciones si se adelantan lo aclaren mucho. Pero les da fuerza en las velas. Y aumenta su autoridad moral y la retórica ayuda mucho cuando no hay respuesta real a nada.