La reestructuración del sector bancario terminará por pasar factura, como siempre, a los clientes. En este caso, a los de 300 municipios valencianos de menos de 2.000 habitantes que se quedarán sin ninguna oficina de banco o de caja de ahorros, según denunció ayer UGT con los planes de cierre de las propias entidades en la mano. La desaparición de numerosas cajas y la caída del volumen de negocio han estrechado, cuando no anulado, los márgenes de rentabilidad económica de muchas de estas sucursales. Sin embargo, sus titulares parecen olvidar la rentabilidad social del servicio bancario en pequeños municipios, en ocasiones aislados y distantes de otros núcleos de población más grandes. El despegue económico de la última década había convertido a España en el país más bancarizado de toda Europa y casi del mundo. Las entidades entraron en una carrera expansiva que les llevó a multiplicar el número de oficinas en localidades donde el volumen de negocio „incluso aún en plena etapa expansiva„ no lo justificaba. Pero ahora la crisis, no sólo se lleva por delante esa sobredotación bancaria, sino que también cierra las viejas sucursales de las cajas de ahorros y de las cajas rurales que históricamente daban servicio a los más pequeños municipios. Es un efecto más de la pérdida del carácter social fundacional de las cajas al reconvertirse en bancos, sujetos, además, a los estrictos criterios de rentabilidad que impone Europa a cambio de las ayudas.