25 de noviembre de 2012
25.11.2012

¿Sumamos o restamos?

Vicente Magro Servet

25.11.2012 | 06:30

Cuando el pasado miércoles entré en el salón del ADDA de la Diputación Provincial de Alicante para dar una ponencia en el décimo congreso contra la violencia que se ejerce sobre las mujeres, y vi allí a más de 600 congresistas, pensé de inmediato: ¡Este partido lo vamos a ganar. Lo tenemos que ganar! Porque solo con la implicación de tantas personas no se nos puede escapar de las manos la potencia y el empuje que tienen todos los profesionales que cada día en su trabajo se esmeran en otorgar a la mujer que sufre maltrato en el hogar la protección que no le da la persona que se casó con ella o que un día le dijo que quería ser su pareja.
Sin embargo, si bien es cierto que a estos 600 profesionales que allí se daban cita no se les escapa que este apoyo y esta ayuda profesional y de calidad que se presta día a día no puede bajar la guardia, también lo es –y lo dije allí– que hay un sector de la sociedad que todavía no tiene claro este mismo mensaje, esta misma idea, o esta misma filosofía. Y no lo tiene porque se sigue pensando por algunos que se está otorgando una sobreprotección a la mujer. Sí, como lo leen. Si el mensaje, la idea y el objetivo ha sido ir venciendo las desigualdades sociales y de pensamiento que ponían, y siguen poniendo, a la mujer en una posición inferior, todavía existe la creencia de que esta forma de actuar de una parte de la sociedad, que sí que nos creemos que hay que seguir apostando en esta línea, está actuando en exceso, bien desde el punto de vista legislativo, bien con actuaciones como las que esta misma semana se conmemoran en todos los puntos del país. Y prefiero utilizar esta palabra, como dicen muchos autores, a la de celebrar. Porque si el día 25 de noviembre se le denomina Día Internacional de la Mujer Maltratada entiendo que es mejor utilizar otros términos para adjetivar este día que el de «celebrar», porque tal como están las cosas –crisis económica por medio y mantenimiento del sufrimiento de muchas mujeres que siguen siendo maltratadas– no estamos precisamente para «celebrar» muchas cosas.
Y no estamos para celebraciones porque Naciones Unidas señala que cada 16 segundos es maltratada una mujer en el mundo. Pero cada 16 segundos no se presenta una denuncia. Pero, ¡cuidado!, con si nos dicen algo, o nos lo hacen, porque la expresión de «me voy al juzgado» la tenemos en la punta de la boca. En los demás casos los ciudadanos tienen clarísimo que el camino del juzgado lo tenemos fácil. Y así nos va con diez millones de casos cada año a los que no podemos dar salida por la sobresaturación que existe y por la absoluta necesidad de que se pongan ya en práctica las dos vías de la mediación civil (ya aprobada por la Ley 5/2012) y la penal ya casi en inicio del trámite parlamentario. Pero esto es otro debate.
Y en el que ahora nos afecta, sin embargo, nos movemos todavía en cifras de unas 140.000 denuncias que no son en ningún caso el referente real de lo que está ocurriendo en muchos hogares españoles. Por ello, donde hay que seguir incidiendo es en que la sociedad en general y la Administración en particular puedan llegar a transmitir a las víctimas de violencia de género con hechos y no solo con palabras que puede confiar en ellos. Porque las palabras no le van a defender de lo que se le viene encima todos los días cuando se levanta. Cuando escucha cómo se abre la puerta y no sabe por dónde va a respirar ese día su pareja. Cuando se siente ese miedo que solo quien lo tiene en su hogar sabe lo que es.
Porque solo hace falta escuchar muchas veces los testimonios y las cartas de muchas de estas mujeres que han vivido aterrorizadas y pensando que están solas. Que ni siquiera en su entorno se les entiende y se les ayuda y que no saben si la sociedad, o todas esas personas que hablan de sobreprotección de la mujer, quieren en realidad protegerlas.
Porque aquí está la clave de todo el sistema, si no somos capaces de ser creíbles, si no somos capaces de actuar con ideas bien ejecutadas y con reformas realmente eficaces que se adecuen a lo que se necesita en este momento no podremos preguntarnos más –ni estaremos en el derecho de hacerlo– ¿por qué no se presentan más denuncias y por qué el año pasado de cada cuatro mujeres que fueron asesinadas por violencia de género solo una había denunciado? Por ello, solo cuando nos demos cuenta de si con la actuación de toda la sociedad estamos sumando o restando empezaremos a caminar por la senda correcta. El problema es que muchas veces la víctima sabe que muchos están restando y mientras no manejemos esto bien este partido sumando más que restando€ se nos va de las vamos, e igual no lo ganamos ni en la prórroga.

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