Opinión
La otras cámaras también zozobran
Las cámaras de comercio viven en una encrucijada desde que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero suprimió a finales de 2010, de forma escalonada, la obligatoriedad del pago de cuotas que aportan las empresas, unos ingresos que garantizaron un indudable confort en estas instituciones. Los efectos del cierre del grifo empezaron a notarse de forma notable en las cuentas de 2011. La fiscalización de la Sindicatura de Comptes ha elevado a 3,9 millones las pérdidas registradas por las cinco cámaras valencianas y su consejo autonómico „la mayoría, 2,6, son imputables a la sede de Valencia. El patrimonio neto se redujo en 2011 de forma significativa en 4,5 millones, tres de ellos en la Cámara de Valencia. Y el impacto del fin de las cuotas todavía será mayor en el futuro porque, al margen de la depresión económica, desde el pasado 1 de enero ya no paga ninguna empresa. A lo largo de 2012 seguían abonando su participación las que facturaban más de 10 millones y no estaban en pérdidas.
La mayoría de dichas instituciones acumularon fondos considerables en los tiempos de las cuotas obligatorias. Eso les permite tener un colchón, pero siempre y cuando no dilapiden sus reservas. A este respecto cabe apuntar que los sobrecostes de un 40 % en la reforma de su antigua sede que le han surgido a la Cámara de Valencia tras alquilar el edificio que la acogía desde 2007 deberían vigilarse.
Y el futuro sigue incierto, en lo económico y en lo político. El Gobierno aún debe aprobar una ley que garantice el futuro de estas corporaciones que compiten con las patronales por los cada vez más decrecientes recursos públicos. Sombrío horizonte.
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