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El nuevo recorte del Consell

Todavía tiene que recortar, él lo sabe», dijo el señor Beteta, secretario de Estado de Administraciones Públicas, apuntando al conseller Moragues. En el mensaje había algo más, era ingenuo pensar que un futuro ministro viaje a Valencia con el objetivo de concitar el odio de los valencianos contra su Gobierno. La Generalitat Valenciana (GV) no escuchó, limitándose a proclamar que no iba a cerrar camas y aulas, cuando no era esto lo que se le estaba pidiendo. El recorte al que se refiere el secretario de Estado es la consecuencia lógica que saca quien después haber tomado el control de las cuentas de la GV, le sobra aparato administrativo. La petición es algo parecido a un ERE en la estructura de un Consell intervenido. Este es el recorte, no sanidad, ni educación.

Siendo impresionante la cifra de 34.000 millones de euros de deuda de la GV (de los cuales 20.000 al Gobierno central) ésta parece una nimiedad comparada con los 989.000 millones del total de la deuda del Reino de España, 762.000 de la Administración General del Estado (AGE) y 222.000 de las comunidades autónomas (CC AA). Sin valorar la proporción (1 de 4) retengamos la cifra para intuir lo que pueda ocurrir en los próximos meses.

Coincidiendo con la deriva de Cataluña, se están estudiando pros y contras de las escasas salidas para mantener la actual organización en CC AA. Una de ellas se basaba en que la AGE pudiera asumir toda la deuda de las CC AA. El modelo es lo acaecido en EE UU tras la guerra civil, cuando el gobierno federal (en nuestro caso, la reforma de la Constitución) afrontó las deudas de todos los Estados (a discutir la lista de CC AA). Los valencianos seríamos los grandes beneficiados, ya que encabezamos la lista de CC AA que superan la media de deuda en términos de PIB. El orden sigue con Castilla-La Mancha, Cataluña, Baleares y Murcia No será fácil llegar al final pero se intenta. Serán nuevas estructuras, bien para el Estado español actual, bien para el resto de España que quede tras tanta pulsión soberanista. Todo el respeto democrático para los catalanes, pero debemos defender lo más nuclear del Estado de bienestar de los valencianos.

Si hoy la GV, como afirma Fabra, no puede afrontar los servicios que son su razón de ser, otros planteamientos se imponen. La aparentemente gallardía de su afirmación „«los valencianos no van a hacer más sacrificios»„ más que un órdago parece una autodefensa de la élite política local. Beteta vino a decir que si queremos que nos llegue para sanidad y educación deberíamos pensarnos la actual funcionalidad del Consell.

Cuando se afirma que no hay fondos para prestar servicios básicos y no se explica de dónde se van a sacar, la contradicción se hace insoportable. Para que en 2014 la GV reciba más dinero, debe darse alguna de estas dos condiciones: que el resto de CC AA decida reducir su parte del reparto, acordado en 2009, en favor de la GV o que la AGE disminuya sus propios gastos en beneficio nuestro. Sin una o ambas solidaridades, la GV está obligada a contener su déficit en el 1 % del PIB regional. Fueron demasiados años de desafueros (RTVV, Fórmula 1, aeropuerto de Castelló, Gurtel, etcétera). La GV carece de credibilidad moral para la AGE y para el resto de CC AA.

Sepamos que Hacienda ya ha tomado decisiones indicando los sectores cuyas facturas o compromisos atenderá a cuenta de los préstamos que van a cubrir el déficit permitido dejando a Fabra el papel de reducir sus propios gastos, no los de sanidad o educación. Este es el inevitable ERE que se perfila. El FLA (Fondo de Liquidez Autonómica) sólo soporta el déficit comprometido y el resto de CC AA lo saben. Quien mantiene el flujo de entrada es el Ministerio de Economía, que gestiona las cantidades y condiciones del FLA con las que Europa presta dinero a España. Hacienda se limita a repartir el FLA de acuerdo con lo firmado.

Todo el mundo entiende que la condición básica para pedir prestado es garantizar que van a interrumpirse los déficits anuales, ya que sin ello malamente puede devolverse cantidad alguna. No es sorprendente que la UE permita el endeudamiento español bajo la inexcusable condición de controlar los déficits. Si ello no se cumple, se corta el grifo, el país quiebra y los hombres de negro usan tijeras.

Fabra se ha equivocado, limitándose a lamentar que con lo que recibía no podía gobernar (perfecto argumento para que le contesten que adelgace el Consell) confiando vanamente en los hombres del PP en Hacienda. El paradigma fue aquella frase antológica: «Si es necesario me acostaré con Montoro». El receptor de aquellos cantos de himeneo, hoy ha sido declarado enemigo público de la GV. Todo suena a incapacidad, a recurrir a reivindicaciones tardías e inútiles. Parece como si se pensara en gobernar con compromisos imposibles basados en una especie de chantaje a correligionarios. Desgraciadamente, el Reino de España tiene compromisos y va a tener que cumplirlos. El PP en Valencia está siendo víctima de sus propias canalladas. Camps no tuvo empacho en desgastar a la AGE de la época de Zapatero, ahora la AGE pone sus condiciones a Fabra.

Cuentan que la mañana previa al cierre de RTVV, el Palau enloquecía tratando de que Montoro se pusiera al teléfono. Cuando en un descanso entre reuniones el ministro escuchó el desesperado relato de Fabra pidiendo ayuda urgente pues de lo contrario cerraría el ente, la respuesta que recibió fue contundente: «Ya era hora de que cerraras alguna cosa». Cierto o no, el relato es coherente con lo dicho por Beteta tras el incumplimiento de los objetivos de 2013 y las confesiones sobre la inevitable repetición en 2014.

El argumento de la pérdida electoral para el PP en la CV, parece no servir cuando Rajoy simultáneamente está sometido al gota a gota financiero de la UE y a la reforma de la Constitución, con la fronda catalana aumentando. Vivimos en un Estado organizado en CC AA y algunas de ellas como la GV no lo han hecho de forma «íntegra, honesta y transparente», las tres condiciones que se ha autoimpuesto Felipe VI. Ahora tenemos los lodos de aquellas agitadas aguas de regatas y eventos mundiales. Si Beteta y Moragues no explican aquello que hay que cerrar y con ello explican las condiciones para la factibilidad de los servicios públicos, cometerán una irresponsabilidad moral que ningún valenciano debe perdonarles.

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