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La tomadura

eina debutó en un Mundial en el partido de ayer. Parece un chiste, pero no lo es. Hasta poco antes del arranque, España estuvo tensa pensando en si se mantendría el doble pivote. También existía inquietud por saber si el seleccionador recurriría al falso nueve aunque, después de haber visto desenvolverse a Diego Costa tras provocar su inclusión un conflicto con el país anfitrión, la gente se pregunta si no habría que haberlo reservado para el Mundial de baloncesto con lo que el hombre reparte en la zona de tiro. No es por dar ideas, pero creo que a Pau podría venirle mejor que a Iniesta.

Consolémonos pensando que la despedida podía haber sido peor de lo que fue si hubiese tocado jugar frente a Australia, pero a rugby. Qué más habríamos querido que los integrantes del combinado nacional se hubieran esforzado una décima parte de la manera en que lo hacen los equipos que se emplean como jabatos detrás de un balón ovalado. Pero en esta ocasión ni han consumido un gramo de furia ni han dejado a los rivales rotos con la clase que atesoran. Un minuto después de recibir el segundo gol chileno, la afición convertía al guardameta titular en la despedida del campeón del mundo en protagonista del fiasco al hacerlo saltar a las redes: «¡Camareroooo!». «¡Qué!». «Ponlo en un tupper, que nos vamos p'a casa».

Ya lo dijo Mireia Belmonte, mejor nadadora española, tras batir dos récords mundiales en 24 horas: «Importa más el pelo de Sergio Ramos que mis registros». Y si a eso se une qué va a ser de Casillas, la pena al no ver desnudarse a Cristiano en Brasil y lo bajo que anda Messi por haberse escaqueado de Hacienda, aquí no hay quien viva. Montoro aprovechó para detallar la bajada de impuestos y anduvo en un tris de anunciar que los internacionales se quedarán sin prima. Pero tampoco quiere acaparar registros.

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