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Otra bronca en el CVC

El Consell Valencià de Cultura (CVC) está en plena temporada y presenta como nuevo espectáculo el protagonizado este pasado lunes por Martín Quirós, Ana Noguera y Ramón de Soto. Va en la línea de aquel por el que el galeno amenazó con tirarse por un balcón del ayuntamiento si no recuerdo mal por un asunto sobre el Tirant.

La nueva bronca se montó a causa de un informe sobre el cambio socio-cultural en España que incide en la reducción de posibilidades de acceso de la sociedad española a la sanidad pública a causa de los recortes, algo en lo que Quirós no cree sin datos objetivos. Extraña que siendo médico no vea lo que sucede a su alrededor: el recorte de prestaciones, el copago farmacéutico, la eliminación de extras alimenticios en los hospitales...No creo que no haya escuchado a los pediatras advertir de las graves carencias que ya encuentran en los más pequeños a causa de sus desajustes en alimentación. Sorprende que no haya escuchado en la televisión que los comedores de los colegios de muchas autonomías abrirán este verano para que los hijos de las familias más necesitadas puedan al menos realizar una comida digna al día. Sólo apuntar que el 23,3% de las familias españolas con uno o dos hijos viven en situación de pobreza y el gasto en protección de la infancia ha caído un 14%. Lo dice Unicef.

Si embargo y al margen de estas cuestiones colaterales, tampoco se entiende muy bien qué hace el CVC debatiendo sobre la Primera Guerra Mundial o el problema sanitario. No fue creado para eso. Otra cosa es que el tema se cuele en un debate y de forma serena, sin insultos jamás vistos antes y racionalidad, se analice de forma circunstancial.

Si el CVC tiene un problema en sus debates y ha llegado a ese encrespamiento sólo tiene una explicación: aquí también confundimos ya el intelecto con la cuota de partido y el sesgo político. Y en la última renovación institucional el partido primó sobre el conocimiento. Algunos confunden la casa de las ideas con un hemiciclo donde ahora todo vale.

Llegan tarde para arreglar este asunto. Y Santiago Grisolía ya no está para batirse el cobre ni pactar antes de cada reunión los temas a tratar y la forma de abordarlos. Aunque aún dé golpes de desesperación sobre la mesa. Él anda un poco harto de ver el espectáculo en el que parece estar convirtiéndose una institución que debería ser ejemplar frente a la ciudadanía y no un circo. Tiene toda la razón. Que vendan entradas.

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