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La FIFA huele a podrido

Parece que igual que le ocurría al legendario rey Midas con el oro, le pasa ahora a la FIFA con la corrupción. Hay al menos sospechas de todos los colores y para todos los gustos. ¡Cuánto parece haberse alejado la Federación de sus principios fundacionales con sus patrocinios y sus millonarias ventas de derechos!

La FIFA es una asociación de derecho suizo y, si hemos de interpretar literalmente sus estatutos, su objetivo nada tiene que ver con los negocios y el lucro.

Su tarea declarada es fomentar y mejorar el deporte rey y difundirlo por todo el mundo, atendiendo a sus valores humanitarios, educativos, culturales y de unión de los pueblos.

Pero la FIFA ha sabido aprovechar hábilmente su carácter de monopolio que fija las reglas y decide su comercialización para convertirse en un consorcio global que maneja millones.

Ya hemos visto lo ocurrido con Qatar, sorprendente adjudicatario de la Copa del Mundo de 2022. Sorprendente no sólo por su clima extremo sino por la total falta de tradición de ese deporte en el país del Golfo.

La siempre inquisitiva prensa británica, experta en denunciar los abusos de las organizaciones deportivas, no se cansa de hablar del soborno atribuido a un ex miembro qatarí del comité ejecutivo de la Fifa.

Mohamed Bin Hammam, que aspiraba incluso a destronar al suizo Sepp Blatter como presidente de la Federación, disponía al parecer de un fondo de reptiles que utilizó para comprar voluntades a base de regalos suntuosos, financiación de equipos deportivos y recepciones de fábula.

Estallado el escándalo, ahora se habla no sólo de corrupción sino también de algo igualmente grave, la situación de los derechos humanos en el país organizador: la semi-esclavitud de los trabajadores asiáticos reclutados por Qatar para construir las instalaciones y muchos de los cuales han dejado allí la vida.

Y si uno repasa la prensa europea, las sospechas de irregularidades en la gestión recaen también sobre figuras que fueron en su día ídolos de las masas, convertidas mientras tanto en funcionarios de ese deporte.

Por ejemplo, se habla de que Franz Beckenbauer utilizó sus contactos con Qatar para ayudar a una empresa alemana, que hizo una importante donación a la fundación que preside el káiser.

O de que el francés Michel Platini, presidente de la Uefa, asistió en 2010 a una cena en el Elíseo con el entonces presidente de Francia Nicolas Sarkozy, a la que éste había invitado también al príncipe qatarí Tamim bin Hamad al-Thany y al representante del fondo de inversiones Colony Capital, que se disponía a vender el club Paris-Saint-Germain a la Autoridad Qatarí de Inversiones.

Y como escribía en tono irónico el semanario francés Le Nouvel Observateur, Platini tiene además «un sentido muy agudo de la familia» porque ha conseguido que su yerno, el joven compositor Yohann Zveig, registrase con la orquesta de la Opera de París el himno oficial de la Europa League, que se difunde en todos los estadios del continente a la entrada de los jugadores al campo y en las retransmisiones.

Las acusaciones de corrupción en relación con el Mundial de Qatar han asustado a algunos importantes patrocinadores, temerosos de que ello pudiese afectar también negativamente a sus productos. Veremos.

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